sábado, 29 de diciembre de 2012


La Cofradía de Aránzazu de México asentada en San Francisco el Grande Elisa Luque Alcaide (*)

La cofradía vasco-navarra de México honró a la Virgen, asistió al inmigrante vasco y emprendió labores para los criollos. La gobernaron con libertad y estilo empresarial. Los franciscanos que la alojaron respetaron esa libertad: no hubo interferencias y la Junta de Aránzazu gozó de amplios derechos para nombrar capellanes y predicadores de las funciones de culto de la cofradía.

Palabras Clave: Cofradías de México. Libertad de asociación en Nueva España. Franciscanos y vascos en México. Cofradía Aránzazu. México.

Mexikoko euskal-nafar kofradiak Arna Birjina ohoratu zuen, euskal inmigranteari lagundu zion eta kreolei zuzenduriko zereginel ekin zien. Askatasunez eta enpresa kutsuarekin gobernatu zuten kofradia. Askatasun horí errespetatuzuten baren etxeanostatu eman ziotenfrantriskotarrek: ez ziren haren egitekotan nahasi eta Arantrazuko Batrordeak eskubide zabalak izan zituen kaperauak etapredikariak izendatzeko, kofradiaren kuitu-funtzioei dagokienez.

Gitza-Hitzak: Mexikoko Kofradiak. EIkartzeko askatasuna Nueva Españan. Frantziskotarrak eta euskaldunak Mexikon. Arantzazu Kofradia. Mexiko.

La confrérie basco-navarraise de Mexico honora la Vierge, assista les émigrés basques etentreprit des travaux pour les créoles. Elle fut gouvernée avec liberté et commeune entreprise. Les franciscains qui I’hébergérentrespectérent cette liberté: il n’y eut pas d’interférences etI’Assemblée joult dedroits importants pour nommer les aumóniers et les prédicateurs des fonotions du culte de la confrérie.

Mots Clés: Confréries de Mexico. Libertéd’association en Nouvelle Espagne.Franciscains et basques au Mexique. Confrérie Aránzazu. Mexique.

En 1681 un grupo de la elite vasco-navarra residente en México se reunió en el convento de San Francisco el Grande de la ciudad, por iniciativa de varios amigos vizcaínos. Decidieron juntos establecer la cofradía de Aránzazu para dar culto a la Virgen de las tierras de origen, y para ayudar al emigrante vasco. Acordaron también adquirir una capilla en el atrio del convento de San Francisco como sede de la asociación. Desde entonces se iniciaron unas relaciones de la cofradía de Aránzazu con los franciscanos de México que expresan bien los rasgos y el modo de hacer de ambas comunidades.

La cofradía de Aránzazu, reunió a la mayor parte de los empresarios vas­cos y navarros de México, que tuvieron un papel destacado en el Consulado de México. Desde 1696 hasta finales del siglo XVIII se registraron 3.087 cofrades. Es una buena representación si tenemos en cuenta que la comunidad vasco-navarra de México a mediados del siglo XVIII estaba formada por unas 400 familias.

Se comprometieron los fundadores de la cofradía a sacar adelante labores de culto y asistenciales y a hacerlo con su propio capital. Desde los inicios celebraron la fiesta de la Virgen de Aránzazu; poco después festejaron a la Virgen de Begoña, a San Ignacio de Loyola, a los santos navarros San Fermín y San Francisco Javier, y a San Prudencio, el patrono de Vitoria1.

1. PERSPECTIVAS HISTORIOGRÁFICAS

Gabriel Le Eras, iniciador en Francia de la sociología religiosa, impulsó el estudio de las cofradías como cauce para el conocimiento total de las sociedades religiosas2; siguiendo ese camino Marie-Héléne Froesschlé-Chopard3, ha reconstruido el mapa y los rasgos de las cofradías devocionales en la Provenza. Desde la historia social, Maurice Agulhon4 y Michel Vovelle5, abordaron las cofradías de Provenza, para detectar la sociabilidad de sus comunidades.

Las cofradías americanas han sido estudiadas parcialmente y en ámbitos geográficos determinados6. Foster hizo un primer acercamiento en pers­pectiva socio-cultural7. Los estudios de Dehouve, Bechtloff, y Celestino y Meyers8, abordaron las cofradías indígenas desde la antropología cultural. Alicia Bazarte en México9, Ana María Martínez, en Córdoba10, han estudiado las cofradías de españoles americanos y de españoles y naturales como asociación religiosa. Asunción Lavrin abordó el tema desde la óptica rural/urbana11.

La cofradía de Aránzazu de México nació de un grupo de inmigración12. La reciente historiografía sobre el fenómeno migratorio lo ha visto como un movimiento dirigido, siguiendo una lógica interna a la comunidad que lo vive13; las cofradías vascas serían un jalón importante en ese proyecto migratorio de Euskal Herria.

La cofradía vasco-mexicana fue promovida como ámbito de devociones, de intereses, de relaciones del grupo inmigrado. Desde sus orígenes se identificó con esa comunidad. La cofradía de los vascos de México generó durante casi dos siglos una abundante documentación que se ha conservado en buen estado en el Archivo histórico del Colegio de las Vizcaínas. Presenta los modos de hacer, el estilo con que aquellos hombres llevaron adelante la empresa. El análisis de estos fondos, que abarcan un tiempo de larga duración, permite detectar los rasgos de la comunidad vasco-navarra radicada en México.

2. RELIGIOSIDAD Y PROMOCIÓN SOCIAL DE LOS COFRADES

Sobre la puerta de entrada a la capilla de Aránzazu, de México, se encontraban dos cuadros. Uno de ellos recoge la aparición de la Virgen a Rodrigo de Balzatequi en este lugar de Aránzazu, el otro el momento en que la Virgen de Guadalupe es mostrada en México a Juan de Zumárraga. Expresan bien la religiosidad inculturada del grupo vasco-mexicano.

La cofradía de Aránzazu nació para dar culto a la Virgen de Aránzazu, que presidía el altar de la capilla. Se comprometieron los fundadores de la cofradía a conmemorar su fiesta costeando los gastos con su propio capital. Tenía lugar una misa solemne en la capilla de la cofradía a la que asistían los cofrades presididos por la Junta de gobierno. Seguía una procesión en la que los cofrades acompañaban a la imagen de la Virgen de Aránzazu con hachones de cera.

Durante la misa un sermón predicado por un franciscano invitado especialmente para la ocasión recordaba la aparición de la Virgen en el espino al pastor vasco que con su pregunta “Aranzazu?, esto es, Vos Señora, entre espinos” dio nombre a esta advocación14. El predicador se detenía en las virtudes de los antiguos naturales de las tierras vascas, ejemplo y guía para los cofrades. Formaban parte de un “pueblo honrado, todo entereza, todo brío (...), que jamás se contagió con la idolatría, que teniendo tanto suelo con su valentía ganado, ni un palmo (...) de su patrio suelo ha perdido”(...)15. Año tras año estos actos de culto contribuyeron a mantener la identidad del grupo vasco-mexicano16.

En 1695 la cofradía celebró también con solemnidad la fiesta de la Virgen de Begoña. Poco a poco incorporaron las de los patronos de las restantes tierras de origen: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Fermín y San Prudencio. Desde 1731, celebró la cofradía a la Virgen de Guadalupe; en 1752 comenzaron a celebrar la Preciosísima Sangre y las tres necesidades de la Virgen, devociones que habían arraigado en México.

Las constituciones establecían que los cofrades de Aránzazu deberían vivir el rezo diario del Rosario y practicar el ayuno en las fiestas de la Virgen; les recomendaban el examen de conciencia diario y el ofrecimiento de las obras del día; frecuentar los sacramentos de la confesión y comunión, al menos en las festividades litúrgicas de Jesús y de la Virgen María, aconsejando, a los que pudieran, hacerlo en la capilla de la cofradía. Con estas normas constitucionales, la cofradía de Aránzazu se configuraba como ámbito de una religiosidad empeñada por parte de sus asociados.

La cofradía se propuso también desde la fundación atender al emigrante vasco que llegaba a México. Se ocuparon asimismo de la mujer precisada de ayuda: dotaron a doncellas huérfanas para que pudieran tomar estado; más tarde establecieron becas para colegialas. Sostuvieron capellanías, ayudaron al cofrade en la enfermedad y a la hora de la muerte y celebraron exequias por los cofrades que fallecían. En el último cuarto del siglo XVIII contribuyeron, desde México, a la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, con sede en Vergara. A principios del siglo XIX la cofradía de Aránzazu reunió en México unos 5.000 pesos para publicar en Bilbao las obras sobre la lengua euskara de Pedro Pablo de Astarloa17.
Con todo, la labor social más importante de la cofradía fue el Colegio de las Vizcaínas para la mujer mexicana, que les exigió esfuerzos extraordinarios de gestión y de financiación: la inversión de la cofradía para poner en marcha el colegio se calcula en torno a 1.000.000 de pesos, de los de plata de entonces18. A partir de 1793, el colegio de las Vizcaínas, abrió unas escuelas públicas y gratuitas, a las que acudieron alumnas de los distintos grupos sociales y étnicos de la ciudad19.

En efecto, avanzado el siglo XVIII, la cofradía de Aránzazu acogió iniciativas en favor de los demás mexicanos y se interesó por las misiones en China: en 1780 Juan José de Echeveste, donó 5.000 pesos para sostener con sus rentas una tanda anual de ejercicios espirituales en la casa de ejercicios de la Congregación del Oratorio; Juan José de Aldaco, también en la década de los 80, dejó en su testamento un fondo para ayudar a la evangelización de la China. Contribuyó la cofradía a la beatificación de varios mexicanos: Felipe de Jesús, mártir en Japón; el eremita Gregorio López; Sebastián de Aparicio transportista de Veracruz a México. Antonio Margil de Jesús, misionero de las tierras del Norte, fallecido en México en 1726; y Juan de Palafox, el célebre obispo de Puebla. Los vasco-mexicanos habían echado raíces en México.

La cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu perduró hasta 1860; después de la desamortización regalista de 1805 siguió manteniendo sus Iabores20. El Colegio de las Vizcaínas, ha continuado funcionando hasta hoy; alcanzó a superar las guerras de Independencia, la Revolución, y la Reforma21. Estos datos inclinan a afirmar que la cofradía mexicana fue una empresa que funcionó bien, que logró sus objetivos.

3. RASGOS DE LOS VASCO-MEXICANOS DE ARÁNZAZU

Especialmente expresivos fueron su estilo de gobernar la cofradía, la gestión financiera de sus empresas, y las relaciones establecidas en y desde la cofradía.

3.1. Gobierno de la cofradía

Gobernó la cofradía una Junta formada por catorce miembros: el rector, doce diputados y un tesorero. Todos los cargos se renovaban anualmente por votación de la Junta saliente; con esta medida la elite vasco-mexicana se aseguró el control de la empresa. El rector, que presidía la Junta, podía decidir en caso de empate en las votaciones, evitando el “impasse” en el funcionamiento. Para garantizar la imparcialidad de las decisiones se asignó el mismo número de diputados a cada una de las regiones vasco-navarras. El organigrama de la Junta estaba dirigido a un gobierno eficaz y equitativo de la empresa.

Los miembros de la Junta dedicaron tiempo y esfuerzo a gobernar la cofradía. Asistían a las reuniones periódicas, estudiaban previamente los asuntos que les eran comunicados por escrito del Secretario de la Junta, su voto era secreto, emitido con libertad, y se respetó el parecer de la mayoría. Estos hombres pilotaron con autonomía personal la cofradía y sus labores. Actuaron también con independencia tanto de las autoridades civiles, como de las eclesiásticas. La cofradía tuvo que trabajar para conseguir esa inde­pendencia. Apeló a la corte de Madrid y alcanzó la Real protección el 6 de noviembre de 1729. Con esta medida la cofradía evitó la intervención de las autoridades civiles intermedias.

Fue más difícil para la Junta de Aránzazu lograr la autonomía respecto al arzobispo de México. En efecto, el Concilio de Trento había establecido que los obispos supervisaran el funcionamiento y la gestión de los bienes de las cofradías en sus visitas pastorales22. Los cofrades vascos rechazaron ese control, ya que corrían con todos los gastos de las labores: “[Esta cofradía] no [...] pide limosna como las demás cofradías, y los que son electos por rector, y diputados, de dicha hermandad, la mantienen a costa de sus caudales”23.

El arzobispo de México, Manuel Rubio y Salinas, defendió los derechos que le otorgaba la ley canónica; los cofrades sostuvieron su exención apelando a Roma. Dio comienzo a un larguísimo proceso, que finalizó con una bula pontificia de 1766, por la que el Papa Clemente XIII accedió a la petición de los vasco-mexicanos24.

Las actas de las sesiones de la Junta de Aránzazu muestran que la cofradía mexicana actuó con independencia a lo largo del tiempo.

3.2. Financiación de la cofradía
Los cofrades de Aránzazu defendieron su libertad para gestionar la empresa en que ellos corrían con todos los gastos. Desde su fundación se fijó una aportación anual de todos los miembros. Los cofrades contribuirían con 6 pesos; la aportación de los miembros de la Junta durante su mandato sería mayor: 50 pesos los rectores; y 25 pesos cada uno de los diputados25. Con esta medida el grupo fundador limitó el acceso a la Junta de gobierno a la elite vasco-navarra.

Pero estas cantidades no fueron suficientes para mantener las obligacio­nes suscritas. La construcción de la capilla disparó los gastos. En 1682 los ingresos fueron de 656 pesos y 4 reales; los gastos ascendieron a 1.598 pesos. Las obras de la capilla costaron 1257 pesos. Hubo un déficit de -947 pesos y 4 reales. Seis años después, en 1688, el déficit era aún de -438 pesos y 6 reales. En 1690 la Junta decidió capitalizar la cofradía hasta lograr unas rentas que cubrieran sus gastos. Eligieron para ello recurrir al comercio con Filipinas. Se hizo una colecta entre todos los cofrades que reunió 1.261 pesos. Con ellos concurrieron al tráfico con Manila. La experiencia fue positiva. En 1699 la Junta de Aránzazu decidió emplear en ese comercio no las aportaciones de los cofrades, sino el propio capital de la cofradía.

Este tráfico estaba sujeto a riesgos considerables, como ocurrió con el envío de 1704, que se perdió en un naufragio; pero también podía rendir intereses elevados: en 1700, por ejemplo, los beneficios superaron el 150%. En 1721 comenzó la feria de Jalapa que centralizó el comercio mexicano con Europa. La cofradía concurrió a Jalapa y obtuvo unos beneficios superiores al 100%. Fue la última expedición comercial de la cofradía vasco-mexicana. Las actas de las Juntas no explican por qué la cofradía decidió cortar con este medio de financiación, a pesar de que la coyuntura comercial era favorable. Avanzo una hipótesis. En 1682 al decidir comerciar con Filipinas la Junta de la cofradía manifestó que se haría con la condición precisa de ponerle fin en el momento en que se hubiera reunido un capital que, impuesto en fincas o en censos, cubriera los gastos de la cofradía. La Junta pudo considerar que ya había alcanzado esa meta. Tan sólo cuatro años des­pués, en 1725, anotaba el tesorero Francisco Antonio de Aguirre y Amirola:

“el día 20 de julio de este ato se hallaba la capilla con 18 rubros y 15 libras de cera de buena calidad, sin que yo omita el que se gaste toda la necesaria con amplitud, pues gracias a Dios y a Nuestra Señora la hay y todo lo demás que pueda ofrecer”26.

Y, en efecto, a partir de esas fechas, la cofradía incrementó sus labores. La cofradía de Aránzazu se muestra así como una entidad no lucrativa, ges­tionada con estilo empresarial.

Tuvo la cofradía tres fincas urbanas e impuso en “censos” a bajo interés el capital que reunió con los años. Eran los bienes propios de la cofradía, es decir, aquellos que la Junta disponía libremente para atender a sus labores, al decir de Pedro Bueno de Bassori y Joaquín de Leoz, revisores de las cuen­tas de Aránzazu en 1727. Bassori y Leoz distinguían los bienes propios de los bienes de patronato. Estos últimos eran los confiados a la cofradía por un donante para atender una “obra pía” determinada por el que otorgaba la cantidad: la Junta debía respetar la finalidad establecida y no emplearla en ninguna otra labor. Las cuentas anuales de Aránzazu reflejan que la cofradía mantuvo sus compromisos27.

La financiación de la cofradía nos presenta al vasco-navarro mexicano de elite como un grupo empresarial. En efecto, de los 62 rectores que tuvo la cofradía desde 1681 hasta 1800, 39 fueron comerciantes, algunos con inte­reses en la minería y en la agricultura; 8 provenían de la Alta Administración; 4 fueron terratenientes; 2 profesores universitarios; hubo 1 artista28. La pre­sencia de intelectuales seglares fue tardía; a partir de la década de los 70 del siglo XVIII aparecen dos oidores de la Audiencia de buen nivel: Leandro de Viana, Conde de Tepa y Francisco Javier Gamboa. En su inmensa mayoría fueron hombres del comercio y, como tales, gestionaron la cofradía.

3.3. La cofradía núcleo de relaciones humanas

La cofradía vivió en la ciudad más poblada del Nuevo Mundo (unos 100.000 habitantes) y, con un nivel de desarrollo comparable al del Madrid de la época. En la Junta de gobierno hubo triunfadores de la elite mexicana, algunos, pocos, fueron perdedores que vieron quebrar sus negocios, como el marqués de Careaga y Nicolás de Landa.

En la relación de más de tres mil cofrades hasta fines del XVIII aparecen hombres y mujeres; de apellidos vascos en su gran mayoría, aunque hay tam­bién castellanos. En 1752 se inscribió como cofrade uno de los jefes del parti­do montañés del Consulado, es decir, un santanderino: José González Calderón.

Se observa la presencia en la cofradía de auténticos clanes familiares. En 1698 se inscribieron como cofrades Domingo de Elizaga, su esposa y sus tres hijos; en 1752 se asientan a la vez siete miembros de la familia Arteaga y Lascano; en 1770 Francisco Ignacio de Yraeta, inscribe a sus tres hijas, M’ Rosa, Margarita y Ana M’ de Yraeta; en 1774, se inscriben Antonio de Bassoco y cuatro de su familia; en 1776, lo hacen siete miembros de la familia Fagoaga.

A partir de 1730 la cofradía de Aránzazu amplió su red de relaciones desde la ciudad a distintos puntos de la Nueva España: los “censos” o préstamos de la cofradía permiten seguir sus conexiones con comerciantes de Veracruz, Puebla, Valladolid (Michoacán); con los del Bajío (Guanajuato, Querétaro y San Miguel el Grande); con el Norte minero y ganadero: Zacatecas, Real del Monte, Durango, Chihuahua; con el Sur del comercio de la grana: Antequera (Oaxaca).

Aránzazu aglutinó al grupo vasco del virreinato. Fue ámbito de relaciones personales. La historiografía ha insistido en que constituyó un “grupo de poder”29. Se ha destacado menos la independencia de actuación de la Junta en sus relaciones. Son abundantes los datos que expresan que estuvo por encima de amiguismos partidistas. En 1736 el navarro Juan de Amezcua, emparentado con el rector de Aránzazu durante el bienio 1713-1714, Martín de Amezcua, donó en su testamento a la cofradía 6.000 pesos para dotar a huérfanas; este capital debería imponerse en censos: la Junta de Aránzazu se negó a recibirlos por no estar de acuerdo con esa imposición. En 1780 Francisco Ignacio de Yraeta solicitó devolver 20.000 pesos que la cofradía le había prestado, antes de la fecha de extinción del censo. La Junta se negó a recibir la cantidad hasta el tiempo previsto “con arreglo a sus condiciones y obligaciones”30. Conviene tener presente que Yraeta, miembro destacado del grupo vasco, era cofrade de Aránzazu y llegaría a ser rector de la cofradía en el bienio 1794-95: no le valieron sus tíulos31.

La cofradía de Aránzazu fue reconocida por la seriedad y responsabilidad en su actuar. Así se explica que cofrades y amigos le encargaran gestionar sus intereses a través de ambos océanos. Fue un “lobby” eficaz ante las autoridades de máximo nivel. Para tramitar los asuntos en Madrid, en Filipinas y en Roma, acudió a una red de agentes comerciales, paisanos vascos, en Acapulco, Veracruz, Manila, La Habana, Cádiz, Sevilla, Madrid. En la corte, recurrió además a la cofradía de San Ignacio, de los vascos de Madrid. Preci­samente esta cofradía madrileña tuvo entre sus fines fundacionales gestionar los asuntos de los paisanos que residían en América32.

La cofradía mexicana tomó contacto con otras cofradías de Manila y de España. En 1704 la Hermandad de la Misericordia de Manila, recurrió a la Junta de Aránzazu para que hiciera llegar a Bilbao los bienes que Antonio de Bazarte, fallecido en Manila, había dejado a sus herederos. En 1742 la cofradía de la Virgen Blanca, de Vitoria, solicitaba de la cofradía de México, que gestionase la ejecución del testamento de José Beltrán de Salazar, alavés residente en Manila. En 1744 la cofradía de Aránzazu de México escribía a la cofradía del Santísimo Sacramento de Cadagua, en el Valle de Mena, sobre la testamentaría de Francisco de Vivanco, residente en Manila. Constituyeron las cofradías una red institucional que amparó los intereses de los paisanos de uno y otro lado del Océano.

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Los hombres de Aránzazu se muestran, pues, como un equipo de empresarios, autónomos en su acción y gestores eficaces.

4. LA COFRADÍA Y LOS FRANCISCANOS

El grupo vasco-navarro de México eligió el convento de San Francisco de México para alojar en ella su sede. Esta solución habla sido adoptada antes por las cofradías vascas de Sevilla y de Lima. De otra parte, es el modelo del santuario de Aránzazu en que nos encontramos. Nos hemos preguntado si la elección del convento minorita por los cofrades mexicanos se apoyó tan sólo en esta tradición. Es el momento de abordar las relaciones de los franciscanos con la cofradía.

La libertad de espíritu con el que Francisco de Asís animó a la predicación cristiana supera los límites de este trabajo. Esta libertad de espíritu franciscana está presente en la Provincia minorita de México desde sus inicios33. Los doce franciscanos que llegaron a México encabezados por Fr. Martín de Valencia34 llevaron consigo unasInstrucciones del Superior de la Orden, Francisco de los Ángeles Quiñones35. Les animaba a evangelizar aplicando con libertad cristiana las soluciones que consideraran adecuadas ante el mundo nuevo que les esperaba36; Francisco de los Ángeles eximió a los misioneros de los aspectos de las constituciones y costumbres de la religión que estorbasen su labor evangelizadora37. Con este mismo espíritu respetaron otras iniciativas de religiosidad cristiana. Así lo hicieron con la cofradía de Aránzazu.

Los documentos de Aránzazu muestran que los religiosos de San Francisco el Grande acogieron a la cofradía, cumplieron sus compromisos, y respetaron en todo momento el autogobierno de la asociación. A la sesión fundacional asistió el provincial de los minoritas como testigo y firmante de la cesión de la capilla a la cofradía. A partir de ahí, no se volvió a repetir la presencia de ningún franciscano en las sesiones de la Junta. Respetó el convento lo establecido en las capitulaciones con la cofradía: los superiores del convento no podrían quitara la cofradía la capilla que le entregaban bajo ningún pretexto, si no es que la cofradía la dejase de su voluntad38.

Aránzazu fue autónoma en decisiones directamente relacionadas con la atención religiosa de los cofrades. La Junta intervenía en el nombramiento de los capellanes, presentando una terna de franciscanos de origen vasco al superior del convento39. El superior elegía a uno de ellos. Además, la Junta tenía derecho a quitarlo, con causa o sin ella, siempre que le pareciera oportuno y, en ese caso, se les debería dar otro.

Durante años los oradores de las funciones sagradas eran elegidos por los mismos capellanes. El 2 de enero de 1775 la Junta de Aránzazu recabó para la cofradía el derecho de nombrarlos. Recurrieron al Definitorio de la provincia franciscana, exponiendo que habían pulsado algunos inconvenientes de la praxis seguida hasta entonces, y, en vista de ello, habían resuelto que a partir de esa fecha sería la Junta de la cofradía quién elegiría a los oradores, y que los elegidos no podrían buscar sustituto, sin contar para ello con la autorización de la Junta. La relación de los nombrados se pasaría al P. Guardián del convento que cuidaría de tramitarlo con los designados40. El Definitorio franciscano, reunido en la Sala Capitular una semana después, el 9 de enero de 1775, confirmó esa decisión, encargando al Guardián del convento de San Francisco que encomendase los sermones de las fiestas de la cofradía “en la forma y sólo a los oradores que se refieren”41.

La Provincia franciscana respetó la labor de la cofradía. Lo hizo también en el ámbito de la religiosidad. Hemos visto que, a lo largo del tiempo, los vasco-mexicanos incorporaron nuevas devociones a sus actos de culto. Entre las devociones adoptadas por la cofradía no aparecen las específicas de la Orden de San Francisco. El convento mantuvo su compromiso de respetar la libertad de acción al vasco-navarro de México. Es esta dimensión de la Orden franciscana, que preside las relaciones de la Provincia con la cofradía de Aránzazu, la que explicaría, a mi modo de ver, la elección de la sede minorita por el vasca-navarro mexicano.


* Univ.de Navarra. Fac. de Teología. Instituto de Historia de la Iglesia. Campus Universita­rio. 31080 Pamplona/Iruñea.
1 E. LUQUE ALCAIDE, La cofradía de Aránzazu de México 1681-1799, Pamplona, Eunate, 1995.
2 Gabriel LE BRAS, “Les confréries chrétiennes. Problémes et propositions”, enRevue historique dedroit fraçaise et étranger, 19-20, París [1940-1941] 310 ss., seguido por la obra del mismo autor ID., Etudes de sociologiereligieuse, París, P.U.F., 1956.
3 Marie Héléne FROESSCHLÉ-CHOPARD, “Etudes des confréries. Problémes et méthode”, en Provence Historique, 34, Aix-en-Provence [1984] 117-123.
4 Maurice AGULHON, Pénitents et francs-maçons deI’ancienne Provence: essaI sur lasociabillté, Paris, Fayard, 1984 (edición revisada de la de 1968).
5 Michel VOVELLE, Plétébaroque etdéchristianisation en Provence au XVllle. siëcle, París, Éditions du Comité des Travaux Historiques et Scientifiques, 1997 (edición revisada y ampliada de la de 1973).
6 Apuntaron inicialmente el interés del tema A. M. MORA, La conquista española Juzgada Jurídica y socialmente, Buenos Aires, 1944, y R. Lorenzo LAGARTUA, Historia de la beneficencia española en México, México, Editorial España en América, 1955, así como A. LAMAS, Seguridad social en la Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1964. Un simposio promovido por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM ofrece perspectivas de interés: Pilar MARTINEZ-CARO -Gisela von WOBESER- Juan Guillermo MUÑOZ (Coords.), Cofradías, Capellanías y Obras Pías en la América colonial, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones históricas (Serie “Historia Novohispana”, 61),1998.
7 G. M. FOSTER, “Cofradía y compadrazgo en España e Hispano-América”, en Guatemala Indígena, 1, Guatemala, 1961, p. 107-135, primera época.
8 D. DEHOUVE,Quand lesbanquiers étaint des Saints. 450 ans de histoire économiqueet sociale d’uneProvince lndiennedu Mexique, Paris, Edit. du CNRS, 1990; D. BECHTLOFF,Bruders-chaften un Kolonialem Michoacán.Religion zwischen Politik und Wirtschaft in einerinterkultamllen Gesellschaft, Münster-Hamburg, LIT, 1992; O. CELESTINO y A. MEYERS, “La dinámica socio-económica del patrimonio cofradial en el Perú colonial: Jauja en el siglo XVII”, en Revista Española de Antropología Americana, 11, Madrid, 1981, 183-206.
9 Alicia BAZARTE MARTÍNEZ, Las cofradías de españoles en la ciudad de México (1526-1869), México, Universidad Autónoma Metropolitana, 1989.
10 Ana María MARTÍNEZ DE SÁNCHEZ, La Cofradía del Carmen en la Iglesia de Santa Tere­sa de Córdoba, Córdoba (Argentina), Prosopio Editora, 2000.
11 Asunción LAVRIN, “Diversity and Disparity. Rural and Urban Confratemities in Eighteenth Century México”, en A. MEYERS y D. E. HOPKINS (ad.), Manipulating the saints, Hamburg, Wayasbah, 1988, pp. 67-101.
12 Elisa LUQUE ALCAIDE, “Asociacionismo vasco en la Nueva España: modelo étnico-cultu­ral”, en Amaya GARRITZ (Coord), Los Vascos en las regiones de México Siglos XVI XX, II, México, Universidad Nacional Autónoma de México-Ministerio de Cultura del Gobierno Vasco, 1995, pp. 67-86.
13 Óscar ÁLVAREZ-GILA,Misiones y misioneros vascos en Hispanoamérica(1820.1960), Bilbao, Labayru Ikastegia, 1998; ID., Euskal Herria y el aporte religioso europeo a la Iglesia del Río de la Plata (1810.1965), Vitoria-Gasteiz, Universidad del País Vasco, 1999.
14 Sobre la importancia de la predicación. Charles C. NOEL, “Missionary Preachers in Spain. Teaching social Virtue in the Eigteenth Century”, en American Historical review, 90, 4 (1985) 66-89.
15 Sermón pronunciado por Fr.Juan de Mendoza Ayala, de la Orden de San Francisco, el 19 de agosto de 1685, impreso en México, s/f: se encuentra en la Biblioteca Nacional de México, 2860-039267. En el prólogo expresa el motivo de la publicación: “Pidiéronme los afectos de algunos compatriotas de la Santa Imagen que sacando este escrito de el borrador le permitiese a la publicidad de la estampa, ofreciendo los gastos de la imprenta. Rendíme a sus instancias”.
16 Una buena perspectiva del sermón vasco-mexicano como expresión de la mentalidad del grupo, en Ana de ZABALLA BEASCOECHEA, “Mentalidad e identidad de los vascos en México. Siglo XVIII”, pp.157-169.
17 Autor de la Apología de la lengua vascongada o ensayo critico-filosófico de su perfección y antigüedad sobre todas las que se conocen: Cfr. E. LUQUE ALCAIDE, “Asociacionismo vasco en la Nueva España: modelo étnico cultural”, en Amaya GARRITZ (Coord.), Los Vascos en las regiones de México, [12] pp. 67-86.
18 Enrique de OLAVARRIA YFERRARI, El Real Colegio de San Ignacio de Loyola, vulgarmente Colegio de las vizcaínas, México, Imp. Francisco Díaz de León, 1889; Gonzalo de OBREGON, Jr., El Real Colegio de San Ignacio de México (Las Vizcaínas), México, El Colegio de México, 1949; Josefina MURIEL y DE LA TORRE, Los Vascos y su colegio de las Vizcaínas, México, CIGATAM,1989.
19 Respondía a unas urgencias educativas en la ciudad: en 1774 habían salido de los conventos de monjas las educandas que albergaban en su recinto, era una medida más de la reforma de religiosas decretada por Carlos III en la Real Cédula del 22 de mayo de 1774; a esto se unió la inmigración y el pauperismo en la ciudad, por las epidemias de matlazáhuatl (1772-1773), de viruelas (1779) y las hambrunas de 1784y 1786. El cabildo de la ciudad en 1786 hizo un llamamiento a los colegas de la ciudad a abrir escuelas gratuitas: cfr. E. LUQUE ALCAIDE, La educación en la Nueva España en el siglo XVIII, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-americanos, CSIC, 1970, pp. 177-178. Dorothy TANK DE ESTRADA, La educación Ilustrada 1786-1836:educación primaria en la ciudad de México, México, El Colegio de México, 1977 pp. 168-170 y José J. PESCADOR, “Devoción y crisis demográfica: la Cofradía de San Ignacio de Loyola, 1761-1821”, en Historia mexicana 39 (1990/3) 783.
20 María Cristina GARCÍA VALLEJO, “El Colegio de San Ignacio de Loyola ante la extinción de la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu, 1861”, en Amaya GARRITZ (Coord.), Los Vascos en las regiones de México, [12] pp. 239-256.
21 Antonia PISUÑERLLORENS, “El colegio de La Paz 16861-1981”, en Josefina MURIEL DE LA TORRE (Coord.), Los vascos y su Colegio de las Vizcaínas, [18], pp. 75-107.
22 El Concilio habla afirmado el derecho de los obispos de visitar las cofradías, excepto las que estaban bajo la real protección, y obligaba a rendir cuentas anualmente de su administración ante el Ordinario. Sesión XXII,  Dereformatlone, canon 8 y 9 (COeD), 740). El control del régimen económico de las cofradías aprobado por Trento en la Sesión XXII remite a la Constitución Quia contingit, del Concilio Viennense (1311-1312). Cfr. Ibidem, 374376. Ya en el siglo XVII la Constitución Quaecumque, dada por Clemente VII el 7-XII-1604, estableció que el Ordinado había de aprobar la erección de cada cofradra y sus estatutos, fijaba el método señalado para recibir sus limosnas e indicaba el usoen que debían emplearse. Cfr. R. NAZ, Dictionnaire de Droit Canonique, Paris, Librairle Letouzey et Ané, 1949, t IV, col. 156.
23 XIV.” Ítem, por cuanto el fundar dicha Hermandad y desear se erija en Cofradía, es solo a fin de servir y obsequiar a la Santísima Virgen María, y que dicha Hermandad no tiene plato ni pide limosna como las demás Cofradías, y los que son electos por Rector, y diputados, de dicha Hermandad, la mantienen a costa de sus caudales. Sin embargo de todo, así para lo que a el presente tiene y goza, como para lo que en lo de adelante tuviere y gozare, se pone dicha Her­mandad, su Rector, diputados y thesorero, debajo de la Protección y subordinación que debe al limo Sr. Doctor D. Francisco de Aguilar y Seijas, Arzobispo Dignísimo de esta ciudad según el Sagrado Concilio de Trento y Bulas Apostólicas; para que con su gran fervor, celo del bien de las almas, devoción a la Sacratísima Virgen María, ampare dicha Hermandad como planta tan nueva y que desde luego se pone debajo de su subordinación, en el todo y por el todo, yen nombre al Sor. Provisor y Vicario general que eso fuere de este Arzobispado: Libro de Elecciones que principio en 23 de agosto de 1681 y acabó en 20 de agosto de 1773, f. 31v: Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México - Sección de microfilms - Fondo Vizcaínas, Rollo n° 40.
24 Guillermo PORRAS MUÑOZ, “Le situación jurídica del Colegio de las Vizcaínas”, en Josefina MURIEL yDE LA TORRE (Coord.), Los vascos y su Colegio de las Vizcaínas, [181, pp. 109-137.
25 Elisa LUQUE ALCAIDE, La cofradía de Aránzazu de México, [1], pp. 169-212.
26 Libro de cuentas que principió en 24 de agos­to de 1705, en Elisa LUQUE ALCAIDE, La cofradía de Aránzazu de México, [1], p. 185.
27 “Para la mejor, más clara y segura dirección de las dependencias de esta M.I. mesa y sus caudales, debemos separarlos en dos clases, una de réditos propios en el dispendio de su culto, y otra de Patronato que conduce al mismo fin aunque en los productos se halla excluida la mesa de su Administración porque los réditos los cobran por sí los Capellanes, quiénes como Dueños los expenden, y aunque la distribución de los destinos para dotes de Huérfanas es a cargo de la mesa, corno sus cobranzas, no se excluyen de la misma naturaleza de esta segunda clase de Patronato, pues la Administración solo es de confidencia y depositaria, sin que haya más regreso [beneficio para la cofradía] que guardar las Dotes en el cofre y ministrados cada vez que las huérfanas a quiénes toque tomen estado”.
28 Elisa LUQUE ALCAIDE, La cofradía de Aránzazu de México, [1], Anexo IV: Cuadro de los rectores de Aránzazu, pp. 339-342.
29 Clara GARCÍA AYLUARDO, “Sociedad, crédito y cofradía en la Nueva España a fines de la época colonial: el caso de Nuestra Señora de Aránzazu”, en Historias, 3, México (enero-marzo 1983) 53-68.
30 W. Elisa LUQUE ALCAIDE, La cofradía de Aránzazu de México, [1], p. 126.
31 Cristina TORALES, et al, La compañía de comercio de Francisco Ignacio de Yraeta (1767-1797), 2 vols., México, Instituto Mexicano de Comercio Exterior, 1985.
32 Alberto ANGULO MORALES, “La Real Congregación de San Ignacio de Loyola de los Naturales y originarios de las Ves provincias vascas en la corte de Madrid (1713-1896)”, en Amaya GARRITZ (Coord.) Los vascos en las Regiones de México [12], pp. 15-34.
33 Lino GÓMEZ CANEDO, Evangelización y conquista. Experiencia franciscana en Hispanoamérica, México, Poreia, 1977; ID., Pioneros de la Cruz de México. Fray Toribio de Motolinía y sus compañeros, Madrid, BAC, 1988.
34 Fue provincial de la Provincia de San Gabriel, en España y en 1524 superior de la primera expedición a México, donde fue elegido superior de la Custodia del Santo Evangelio en 1527. Falleció en olor de santidad en Amecameca (México) en 1534: Cfr. Pedro BORGES,“ Valencia, Martín de”, en Diccionario de HistoriaEclesiástica de España, 4 (1975) 2703-2704.
35 Nacido en León en 1475, falleció en Veroli en 1540, ya Cardenal de la Iglesia. De familia castellana noble, emparentado con Carlos V, ingresó en la Orden franciscana en 1491, después de estudiar en Salamanca. Fue vicario provincial (1521), comisario general (1522) y ministro general (1523). Precisamente su elección como ministro general impidió su marcha a América como misionero que había solicitado. Cfr. I. GARCÍA, Quiñones, “Francisco de los Ángeles, OFM”, en Diccionario de Historia Eclesiástica de España, 3 (1973) 2037b-2039b.
36 “Otras particularidades que se deberían poner, así en las conversaciones de vosotros unos con otros, como en la conversión de las infieles, las dejo de poner por ahora, hasta que viniendo al capítulo general (placiendo a Nuestro Señor), con la experiencia que oviéredes tomado, deis parecer de lo que se debe hacer. Y entretanto remítome a vuestra discreción, confiando en la gracia que os comunicará Nuestro Señor, el cual os haya en su guarda”: en Jerónimo de MENDIETA, Historia eclesiástica, Madrid, Atlas (BAE 260), 1973, cap. 9.
37 “Y en todo lo que las constituciones y loables costumbres de la religión no estorbaren de hacer a lo que vais, que es la conversión de los infieles, es bien de vosotros sean guardadas”: Ibídem.
38 Capitulacionesde1682, n° 10: Cfr. Elisa LUQUE ALCAIDE, La cofradía de Aránzazu de México, [1], Anexo 1, n° 10, p. 322.
39 Capitulaciones de 1682, n° 6, Elisa LUQUE ALCAIDE, La cofradía de Aránzazu de México, [1], pp. 320-321.
40 La cofradía daría al convento la limosna de cada uno de los sermones: 20 pesos por el de la Fiesta titular de Aránzazu; 16 pesos por los de las fiestas de los patronos y 50 pesos por las seis pláticas de las Salves de los Jueves de Cuaresma. Firman: los miembros de la Junta, Juan José de Echeveste; Br. Juan Roldán de Aranguiz, Miguel Francisco de Gambarte; José Uribe; Pedro de Aicinena; Severino de Arechavala; José Javier de Lamariano; Tomás de Acha; Tomás de Zuloaga; Juan Antonio de Yermo; Antonio de Basoco; Agustín Francisco Guerrero y Tagle, Secretario: Libro de Juntas y cabildos de la Cofradía de 1774 a 1785: ff. 39r-v. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México - Sección de microfilms- Fondo Vizcaínas, Rollo n° 40.
41 Ibídem. f. 40r; firma Fray Fernando Antonio Gómez, Definidor y Secretario.

sábado, 24 de noviembre de 2012

La advocación a la Virgen de
Aránzazu en Argentina:
una visión de conjunto
(siglos XVI-XXI)

Edgar Gabriel Stoffel (*)

La devoción a Nuestra Señora de Aránzazu ha aglutinado a los vascos en los diversos lugares donde ha emigrado. Argentina no fue una excepción y ya desde la época hispánica existió en Buenos Aires una cofradía bajo su advocación y numerosos devotos. Actualmente dos parroquias están bajo su protección y se ha renovado el interés por ella entre los descendientes de los vascos.
Palabras Clave: Cofradía. Franciscanos. San Fernando. Victoria. San Ginés. Ezpeleta. Bergantín. Comerciantes.
Arantzazuko Andre Mariarenganako gurtzak elkartu egin ditu euskaldunak hainbat emigrazio tokitan. Argentina ez zen horretan salbuespena izan eta jadanik hispaniar garaitik haren izenpeko kofradia bat izan zen Buenos Airesen, elizkol jende asko bildu zuena. Gaur egun bi parrokia dira haren babespean eta harenganako interesa berpiztu egin da euskaldunen ondorengoen artean.
Giltza-Hitzak: Kofmdia. Frantziskotarrak. San Fernando. Victoria. San Ginés. Ezpeleta. Bergantina. Merkatariak.
La dévotion á Notre Dame d’Aránzazu a concentré les basques dans les divers endroits oú elle a émigré. L’Argentine ne fit pas exception et déjá á l’époque hisponique il existait á Buenos Aires une confrérie sous son invocation et de nombreux dévots. Actuellement, deux paroisses sont sous sa protection et l’intérét qu’elle suscite s’est réveillé parmi les descendants des basques.
Mots Clés: Confréde. Franciscains. San Fernando. Victoria. San Ginés. Ezpeleta. Brigantins. Commerçants.
INTRODUCCIÓN
La devoción a la Santísima Virgen María es una de las notas distintivas del catolicismo en América, heredada del alma española y renovada por el surgimiento de innumerables advocaciones propias de esta tierra. Como señala Vargas Ugarte, “aunque es forzoso reconocer que no todos los conquistadores españoles estuvieron exentos de graves defectos, es incontestable que casi todos eran hombres de arraigada fe y además fervientes devotos de la Virgen María”1. Sin embargo, el mismo autor recuerda que:
“las imágenes más populares, las de más arraigo entre nosotros, aquellas cuyo culto no se ha interrumpido, antes bien ha ido en aumento, son precisamente las de más genuina cepa americana, las más nuestras por su origen y por las circunstancias que han rodeado su desenvolvimiento”2.
Algo similar sucede con el pueblo argentino mariano desde sus orígenes; en el cual las advocaciones traídas desde la península pronto dejaron lugar a las locales, enraizando tanto en el alma popular que ni siquiera las devociones a la Madre de Dios portadas por los migrantes de fines del siglo XIX y comienzos del XX pudieron relegar a un segundo plano3. En ese marco debemos situar la devoción a Nuestra Señora de Aránzazu en la actual República Argentina, desconocida para muchos y cuyas huellas hay que descubrir aquí y allá.

PRESENCIA VASCA EN ARGENTINA
El descubrimiento de América generó en la Corona española una serie de políticas entre las que se contaba su poblamiento por parte de peninsulares, fomentando para ello la migración a las nuevas tierras. Así se calcula -sobre la base de los registros de la Casa de Contratación y otros documentos complementarios- que sólo en el siglo XVI se trasladaron al nuevo mundo entre 200 y 300.000 habitantes de los diversos reinos de España4. Mayoritariamente varones, se estima que para 1630 los españoles llegaban a 250.000 distribuidos por todo el continente -aunque no de modo uniforme-, generando un formidable mestizaje considerado como una de las notas características y distintivas de Latinoamérica.
Sin embargo, el cono sur de la América meridional, y en especial el territorio de la actual República Argentina, fue por mucho tiempo un área más bien marginal en el proyecto expansionista de la Corona. Tras la exploración y ocupación de la región se procede a la fundación de pequeños centros de población en las jurisdicciones del Tucumán, Litoral y Cuyo, aunque vastas zonas continuarán siendo espacios vacíos hasta casi el siglo XX. Como bien escribía el padre Furlong:
“No es un aserto errado, ni siquiera extremoso, menos aún es un aserto ofensivo a España, afirmar que ésta jamás llegó a conquistar lo que hoy es la República Argentina. Ocupó heroicamente algunas hectáreas de tierra, aquí y allí, desde Jujuy hasta Buenos Aires, y construyó sobre ellas villas o ciudades”5.
La población que se trasladó a la actual Argentina pertenecía a las capas medias de la población peninsular, calculándose para el siglo XVI en unos pocos miles, si nos atenemos a las informaciones oficiales que hablan de un total de 2.500-3.000 vecinos en las ciudades fundadas por entonces. Durante el siglo XVII se observa cierto estancamiento poblacional que comenzará a revertirse en el siglo XVllll dado que se produce un crecimiento sin precedentes, debido a factores diversos: aumento natural, repunte de la migración -promovida y orientada por la propia Corona-, la ocupación de nuevas zonas rurales y el reposicionamiento de las jurisdicciones antes mencionadas. También para ésta época se consolida el predominio de Buenos Aires, la cual para 1778 contaba con 37.130 habitantes en su circunscripción, residiendo el 65% en la ciudad y siendo el porcentaje de blancos (españoles y criollos) del 68%6.
Tocante a los vascos, si bien estarán presentes desde los inicios, representados por figuras como las de Garay -aquel vizcaíno que le “abrió puertas a la tierra”-, hacia el siglo XVIII van a constituir una sólida y extendida red de parentescos, intereses comerciales, pertenencia asociativa en terceras órdenes y cofradías y prácticas devocionales, asentadas en las principales enclaves del Virreynato que unirá a Buenos Aires con Potosí y el Litoral y con la misma España7. Un estudio sobre la burguesía comercial “porteña” del siglo XVIII señala que ésta provenía en un 70% del norte de la península, especialmente de Vizcaya y las provincias vascas, en consonancia con los que Jerónimo de Uztáríz afirmaba en 1757 para el resto de América hispana8.
Pero los hijos de la Vascongadas y sus descendientes no solo se destacaron en ésta actividad, sino que también los encontramos en el ejercicio del gobierno de estos territorios (como gobernadores o virreyes), en la milicia y en la vida consagrada. Hay que señalar que han sido los vascos el único grupo con notas tan particulares, que ha estado presente y casi sin solución de continuidad en nuestro país, desde los inicios de la conquista y colonización hasta las primeras décadas del siglo XX. En el siglo XIX, Argentina experimentará la llegada de un nuevo tipo de migrante vasco, motivado por la crisis que soportan las regiones agrícolas debido a la eliminación del régimen foral, la obligación de servir obligatoriamente en los ejércitos nacionales, por motivaciones políticas, y que además pertenecen a las comunidades asentadas a ambos lados de los Pirineos. Al respecto se habla de tres momentos: el primero en las décadas 40-60 que se dirigieron a Entre Ríos y a Buenos Aires, “el segundo en las décadas 60-80 asentándose en lo que hoy denominamos pampa gringa (la zona clave del desarrollo argentino en aquella época) y la tercera que llega hasta aproximadamente los inicios de la primera conflagración mundial, etapa caracterizada por ser la de mayor afluencia.


RASTROS DE LA DEVOCIÓN DEARÁNZAZU EN LA ETAPA HISPANO -CRIOLLA O COLONIAL
Aránzazu como devoción privada
Del período hispánico en Argentina hemos localizado alguna documentación que nos muestra que ésta advocación formaba parte del universo religioso de los vascos o sus descendientes, pero también llama la atención que en buena parte de los trabajos a partir de testamentaría o numismática no aparezcan mayores referencias. Así por ejemplo el caso de Santa Fe, fundada en 1573 por el vizcaíno Juan de Garay y trasladada en 1660 como Santa Fe de la Vera Cruz a su actual emplazamiento no se encuentra -entre las 51 medallas con motivos marianos halladas en las ruinas- ninguna referida a Aránzazu9. En el último tercio del siglo XVII, época en que Santa Fe se convierte en nudo comercial, se establecen en la misma una treintena de vascos (sobre una población estimada en 270 vecinos), quienes se dedicarán fundamentalmente a la actividad mercantil, ocupando los guipuzcoanos el tercer lugar10 y sin embargo no hay un solo dato de algún tipo de devoción.
Podría argumentarse que la devoción a Nuestra Señora de Aránzazu era reciente ya que la aparición data de 1469, pero según informa el padre Luis de Viliasante ofm, ya para 1571 en la monumental obra de Esteban de Garibay y Zamalioa sobre los reinos de España, se le dedica el capítulo 25 del Libro XVII.
Ésta situación se repite -aunque con una excepción- durante el siglo XVIII y comienzos del XIX. Los documentados trabajos de Nora Siegrist de Gentile sobre la religiosidad de los vascos en Buenos Aires a partir de las prescripciones testamentarias11 coinciden en líneas generales con lo que sosteníamos respecto a Santa Fe, con alguna excepción, en cuanto al silencio sobre ésta advocación. Circunstancias similares encontramos en Salta, Jujuy y Córdoba, a lo que debemos añadir que en innumerables listados de mujeres de origen vasco, Aránzazu no aparece como nombre12.
Sobre tres sacerdotes nacidos en Guipúzcoa en el siglo XVIII: Pedro Ignacio Picasarri, Juan Bautista Goiburu y José Antonio Picasarri, quienes desarrollaron su labor pastoral en Buenos Aires, sólo el último aparece relacionado con Aránzazu ya que es el encargado de la compra de ornamentos y útiles para la capilla fundada por Salvador Joaquín Ezpeleta entre los que se cuenta una imagen en lienzo de la citada advocación13, mientras que de los otros dos nada se dice y si se recuerda que el primero fue un ferviente promotor de la difusión a San José14.
En el caso del Convento de San Carlos de los padres de Propaganda Fide, sito en San Lorenzo (Provincia de Santa Fe) y en el cual desde el siglo XVIII hasta la cuarta década del XIX actuaron religiosos de origen vasco navarro (Fray Pedro García de Navarra, Juan Ignacio Aizpuru y Martín Gorostidi de Aibistur en Guipúzcoa, fray Tomás Orio y fray Antonio Nieto de Muniesa, entre otros), la búsqueda en inventarios de objetos sagrados y libros de la biblioteca no arrojó ningún resultado positivo y a los actuales miembros les causó extrañeza la sola mención de la advocación15.
Tales ausencias, consideramos que no son definitorias de la extensión de la devoción, ya que si no sería inexplicable que en el templo de los padres franciscanos de Buenos Aires haya existido un altar consagrado y que anualmente se celebrase su fiesta como veremos más adelante.
Señalado esto, pasamos a analizar la documentación donde se explicita la presencia de Nuestra Señora de Aránzazu en la vida de los vascos o sus descendientes. El primer caso lo constituye Pedro Barbara Gaviola, quien al testar en 1791, hace mención de “... una estampita de Nuestra Señora de Aránzazu”16. El citado, quien además tenía una estampa de Nuestra Señora de Begoña, era originario de Berriatúa e hijo de Andrés y María Josefa Aurrecoechea y pertenecía -como tanto otros vascos- a la Venerable Orden Tercera, de la que fue ministro en ése año17, por lo cual a su muerte -aunque parece que vivía en Coronda- deseaba ser sepultado en el Convento de San Francisco de Santa Fe amortajado con el hábito del seráfico Padre.
Analizando su legado testamentario, descubrimos las características generales que Siegrist de Gentile señala para los miembros de la venerable orden: sufragios acordes a su condición de hermano, novenario de misas cantadas en Coronda, voto de ayuda para un altar para la Patrona de ése lugar, la Inmaculada Concepción y contribuciones para exaltar su fiesta, dinero para los pobres, ayuda a los religiosos de Santo Domingo, San Francisco y para la fábrica de la iglesia del Convento de San Miguel de San Carlos de los franciscanos de Propaganda Fide, libertad para su esclava, la negra Catalina por el amor y lealtad con que le ha servido e invoca a la Virgen como abogada, Madre de Nuestro señor Jesucristo, serenísima Reina de los Angeles, a San José y al Ángel de la Guarda.
Un segundo caso es el de Juan de Gurruchaga, natural del Anzuola, e hijo de José y María Ignacia Arizaga (o Aciaga), quién en el siglo XVIII arribó a territorio argentino, entrando por el norte de la actual República Argentina. En Salta, su hermano Pedro Antonio había establecido la casa matriz de una red comercial que conectaba Cádiz con Santiago de Chile y Lima, utilizando a Buenos Aires como lugar de desembarco, razón por la cual había abierto allí una filial bajo la responsabilidad del tercero de los Gurruchaga I, José, quien será ministro de la VOT y participará activamente de la vida comercial y vecinal de la ciudad portuaria18. El citado Juan participaba de las actividades comerciales de ésta empresa, de la VOT a la cual había ingresado en Potosí, y al testar -al parecer soltero-  legará en su testamento la suma de 200 pesos para la celebración anual de la festividad de Nuestra Señora de Aránzazu que se realizaba en Buenos Aires19.
No menos importante es Lázaro Elortondo, natural de Guipúzcoa, casado con Mercedes Poroli y fallecido en 1865, el cual según señala Nora Siegrist:
“...fue un gran devoto de la Virgen de Arantrazu”20, quien en la cláusula 18 del testamento señala: “... mando y es mi voluntad donar de mis bienes para la función que anualmente se celebra en la Iglesia de San Francisco a Nuestra Señora de Aranzazu ocho mil pesos moneda corriente, y encargo a mis albaceas los establezcan sobre bienes raíces o fondos públicos para que sus réditos para siempre ayuden a la función, y as í lo ordeno para que se cumpla”21.
En Salta, nos encontramos que Josefa Gertrudis de Echalar poseía un cuadro grande y viejo de Nuestra Señora de Aránzazu, acompañado por otro de las mismas características de San Ignacio de Loyola, valuados en cuatro reales cada uno22. Como bien señalan Luisa Miller y María del Rey y del Moral, los mismos constituían para su familia, un preciado vínculo con la tierra de sus ancestros23 ya que la citada -nacida en Tarija- era hija de Juan Echalar y Esain (natural de la villa de Esain en le Obispado de Pamplona) y Bartolina Gabriela Morales Usaval (natural de Asiento de Lipez). Bartolina contrajo matrimonio con el General Domingo de Isasi-Isasmendi, natural de Guipúzcoa24 con quien tuvo varios hijos, entre ellos Ángela, María, Josefa, Nicolás, Severo, Anastasio, Félix, Ventura, Pedro, Vicente, Matías Domingo y Águeda Pía25. También hay un segundo matrimonio con Felipe Posadas, alcalde de Salta, una de cuyas hijas casará con Pedro de Ugarteche, hermano de José Ramón, residente en Buenos Aires26, quien será ministro de la Venerable Obra Terciaria Franciscana27.
Una mayor importancia debemos atribuir al navarro Martín de Elordi, nacido hacia 1760, casado con Juana Maza, quien poseía una flotilla de cierta envergadura para sus negocios y murió en Buenos Aires en 1842 28. Su devoción por Nuestra Señora de Aránzazu queda de manifiesto en la nominación que da una de sus naves -un bergantín o un sumaca-, y que integrará su compañía de transporte entre los años 1804-1807, en que pasa a convertirse en navío de guerra de la Real Armada española, con asiento en Montevideo29.
Pero los devotos que mayor huella marcarían serían un clérigo y un laico casi contemporáneos, nacidos uno en tierra argentina y el otro en la vasca Oyarzun, los cuales estarán en el origen de dos capillas que con el tiempo devendrán parroquias y perduran hasta la actualidad.

Son ellos el Pbro. Manuel Saturnino de San Ginés (1768-1825) y el comerciante Salvador Joaquín de Ezpeleta (1776-1846), el primero en San Fernando (Provincia de Buenos Aires) y el segundo en Victoria (Provincia de Entre Ríos), a quienes sus respectivas comunidades han reconocido como fundadores de las mismas, y diversos investigadores han reseñado su actuación30.
En cuanto a San Ginés, debemos señalar que había nacido en el seno de la familia que conformaban Manuel Alfonso -natural de Galdames-, quien se dedicaba a la actividad comercial y Francisca Javiera Rodríguez de Vida, nacida en Buenos Aires, y perteneciente a una acomodada y religiosa familia. Sus padres estuvieron ligados a la Venerable Orden Tercera siguiendo así una tradición inaugurada por los predecesores de la rama materna teniendo como referencia al templo de San Francisco (tanto en la vida cotidiana como en la muerte)31, donde entre otras imágenes se veneraba la de Nuestra Señora de Aránzazu.
Tocante a Ezpeleta, era hijo de Bautista y María Antonia Mendiburu y tras la muerte de su madre se trasladó a Montevideo donde comenzó su actividad comercial y contrajo enlace con Justa Rodríguez Saraví, quien le dio siete hijos32. El centro de su actividad comercial fue La Bajada (actual Paraná) pero sus propiedades y negocios se expandían en Montevideo, Rincón y Victoria, el lugar que eligió para vivir cuando no era más que un paraje denominado La Matanza, y a la par de la buena marcha de sus negocios se preocupó del fomento de la educación popular, convirtiéndose el mismo en alumno de la escuela creada en el Rincón de San José (hoy San José del Rincón) donde tenía una de sus estancias. Su acendrada piedad estaba ligado a los franciscanos -y si bien no tenemos referencia de su pertenencia a la VOT-, sabemos que donó la platería de su difunta madre para la confección de candelabros destinados al altar de la Virgen en el Templo del Convento de Santa Ana en Santa Fe, colaboró con fray Francisco de Paula y Castañeda durante su estadía en Rincón y Paraná y los padres del Convento de san Carlos en San Lorenzo y presumiblemente haya estado emparentado con Martín de Ezpeleta que fue Ministro de la VOT santafesina en 1785 33.
La “Cofradía y altar” de Aránzazu en Buenos Aires
No escapa a nadie la importancia que han tenido las Cofradías en la primero evangelización americana como ámbito de expresión del laicado, por su relación con la liturgia, la piedad popular y las obras de caridad y promoción humana34. Al respecto señala Troconiz de Veracoechea:
“En la época colonial, las cofradías cumplían funciones religiosas y también sociales, pues además de ocuparse de las festividades del santo patrono del cual eran devotos los cofrades que la componían, con la renta de sus bienes se ayudaba a los miembros que estuvieran en mala situación económica y, en otros casos, se crearon y sostuvieron escuelas, cumpliendo así una labor social en la comunidad”35.
Esta consideración general se aplica en particular para la Hermandad o Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu, afincada en diversas ciudades de nuestro continente como Lima, México, Guadalajara, Zacatecas y Santiago de Chile, lugares -entre otros- en los que no solo dio un marco de integración para los vascos, sino que realzó la identidad de los mismos36, fue un medio de presencia pública y en algunos casos con gran impacto sobre la sociedad tal como se deduce de la serie de investigaciones que le han dedicado algunos especialistas37.
En el caso de Argentina, la investigación sobre la importancia de las Cofradías está en sus inicios, situación de la que no escapa la que nos ocupa y de cuya existencia se han hecho eco algunos autores pero sin avanzar demasiado38. Sabemos que la misma era una de las cinco cofradías que existían en el convento de San Francisco de Buenos Aires y que congregaban a diversos sectores sociales o étnicos39, que había sido fundada en torno a 1760 40.  y se extendió hasta 1850 41. También sabemos que en 1838, se reunían los cofrades para recordar a los hermanos difuntos participando de una Misa que se celebraba en la iglesia de San Francisco42.
Sin embargo, creemos que se abren muchas perspectivas en torno a la vida de la Cofradía, sus miembros y actividades ya que podemos informar que en el Archivo Histórico de la Provincia Francisca de la Asunción de la Santísima Virgen existen dos libros pertenecientes a la misma, que ostenta los siguientes acápites:
*Libro 1
-Libro de acuerdos y elecciones de la Hermandad de Nuestra Señora de Aranzazu que principió el año 1772.
-Cofradía de Nuestra Señora de Aranzazu /Acuerdos y elecciones 1772 a 1839.
*Libro II
-Instrucción del origen de la veneración que anualmente se tributa a la (?) imagen de Nuestra Señora de Aranzazu en este Convento Eran(?) de la Observancia de Buenos Aires -1760-
-Los Hermanos que se han asentado desde la fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de Aranzazu-1760/1852.
-Inventario
-Cuentas43
Lo único que por ahora podemos aportar en torno a ésta documentación es que en ella aparecen datos sobre los orígenes de la Hermandad en el Convento de San Francisco de Buenos Aires y la presencia de la “vizcaínos” en la misma. Es de hacer notar que dicha documentación se encuentra en un estado bastante delicado ya que sus hojas están perforadas por anóbidos y por ser la tinta suave, el riesgo que con el tiempo se vuelva ilegible.
Seguramente la Cofradía tenía una activa participación en la organización de la fiesta en honor a ésta advocación, que sabemos por los testamentos de Juan de Gurruchaga y Lázaro Elortondo, se realizaba anualmente44.
Hay que señalar también que la Cofradía no contó con un lugar de culto propio, como sucedió con sus pares de San Luis de Potosí construida en el siglo XVIII, de ciudad de México consagrada en 1682 y posteriormente reedificada y de Guadalajara de mediados del siglo XVIII, que comparte con la primera el estilo churrigueresco o como la Venerable Tercera Orden en Buenos Aires que se congregaba en la Capilla de San Roque, aneja al convento gran-de de Nuestro Padre San Francisco, sino solamente un altar en el templo de dicho convento. Ni Quesade que escribe hacia 1870, ni Andrés Millé que lo hace en el siglo pasado traen referencia alguna al mismo, por lo cual solo nos quedan los datos que aporta Argañaraz quien resalta su importancia y agrega que en el mismo se encuentran las imágenes de San Ignacio y San Fermín, pero nada sobre la Andra Mari que permanecía en el lugar al menos hasta entrado el siglo XX45.
Por otra parte nadie ha sabido darnos explicaciones si todavía estaba en 1955, cuando el templo fue incendiado o ya había desaparecido antes, pero lo cierto es que hoy día no ha quedado ningún rastro visible.
No tenemos noticias acerca de que la Cofradía se haya asentado en otras ciudades importantes del país como Santa Fe, Córdoba, San Miguel de Tucumán y Salta donde existían importantes comunidades franciscanas y en las cuales la Venerable Tercera Orden tuvo bastante protagonismo46.

Nuestra Señora de Aránzazu como título de Parroquia
LA PARROQUIA NTRA. SRA. DE ARÁNZAZU EN SAN FERNANDO (BUENOS AIRES)
Antes de abordar esta parte de la exposición, no está demás recordar lo que ya señalábamos respecto a la marginalidad del Río de la Plata hasta entrado el siglo XIX. En el plano eclesiástico se contaba a fines del siglo XVIII con dos Obispados (Córdoba del Tucumán -1570 y Buenos Aires- 1620) y recién en 1807 se erigirá un tercero, con sede en Salta.
En lo concerniente al Obispado de Buenos Aires, éste se encuentra dentro de los que Dussel denominará “... sin suficiente estructura”47 debido a las bajas rentas, la dispersión de la población y la existencia de naturales nómades e irreductibles y una jurisdicción que abarcaba las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, la otra Banda del Uruguay, los antiguos pueblos de las misiones jesuíticas y el sur del Brasil. Entre 1803-1805, época en que el Obispo Lué y Riega ejecuta su Visita Pastoral, en nuestro actual territorio se encontraban alrededor de 25 Parroquias, de las cuales tres pertenecían a la jurisdicción de Santa Fe, 15 a Buenos Aires, cuatro a Entre Ríos y cuatro a Corrientes y a las que debemos sumarle varias capillas habilitadas para el culto de modo regular (entre ellas las de las antiguas reducciones) y oratorios, tanto públicos como privados48.
La mayoría de éstas Parroquias -fuera de las situadas en centros urbanos de cierta importancia- eran de gran extensión y a veces pobladas de dificultades geográficas que hacían casi imposible a los fieles asistir regularmente a cumplir con los preceptos eclesiásticos y a los Párrocos con sus obligaciones de brindarles el “pasto espiritual” como entonces se decía49. La lejanía de la sede parroquial facilitaba el surgimiento de oratorios particulares en las estancias para atención de las familias propietarias, sus sirvientes y dependientes o de oratorios públicos a instancias de un grupo de vecinos que construían un lugar de culto y donaban terreno y obra a la Curia episcopal paró que entrase a formar parte de al jurisdicción parroquial como “ayuda de parroquia y a la que se le nombraba un sacerdote dependiente del Párroco y un mayordomo para el centro cultural50. Tras su Visita Pastoral el Obispo de Buenos Aires procederá a la erección de Parroquias en diversos puntos de la Diócesis para una mejor atención de la feligresía, pero encontrará no pocos obstáculos tanto en las autoridades civiles como en algunos clérigos51.
En éste contexto surgirán respectivamente la capilla de Punta Gorda y el oratorio de La Matanza, la primera a instancias del Cura de la zona que costeaba el delta del Paraná, deseoso de un mejor posicionamiento geográfico para la sede de su curato y el segundo, para una atención más particularizada de un grupo de vecinos distantes varias leguas de la iglesia principal.
Tocante a la primera debemos señalar que en el año 1797, el Pbro. Manuel de San Ginés fue destinado como Párroco del Curato del Puerto y Partido de las Conchas (actual Tigre), erigido en el año 1780 por el Obispo Sebastián de Malvar y Pinto tras su visita a la capilla del lugar que había encontrado bastante descuidada pastoralmente52. A su llegado, San Ginés halló un templo relativamente nuevo, bajo la advocación de la inmaculada Concepción53 y a la par, un complejo panorama pastoral ya que la población era racialmente heterogénea -donde no faltan los vascos-, con graves problemas de moralidad y bastante dispersión debido a que muchos se dedicaban a la explotación rural o maderera, para lo cual en orden a su atención debió recorrer su jurisdicción -al decir de Cordero- “... a pié, a caballo, en bote, hasta llegar a las viviendas entre los arroyos, para transmitir la fe de su misión cristiana”. A todo esto se le agregaban las periódicas crecidas del río, que en algunas ocasiones hacían inhabitables el sitio y ponían en riesgo el futuro del poblado.
Buen observador, el Párroco descubrió que dentro de su jurisdicción algunos vecinos se asentaban en el paraje conocido como “Punta Gorda”, zona elevada y con vista al río y para los primeros años 1800 ya había establecido allí su casa como un do de alentar a los pobladores de Las Conchas a trasladarse. Sin descuidar la atención de la sede parroquial se dio a la tarea de edificar en el lugar e a partir de 1806 se denominaría San Fernando Buena Vista54 una capilla, para lo cual contó con aprobación de la autoridad eclesiástica y figuraba como anexa a la principal55.
La capilla desde sus inicios aparece bajo la advocación de Aránzazu, lo que se explica por el ascendiente vasco del Párroco, el propietario del solar sobre el que se alzó la obra llamado Martín de Sagastume y un buen número de vecinos que detentaban ese origen como Ibarburu, Ibargurem, Surieta, Asourrain, Arismendi, Echeverría, Altolaguirre, Goyechea y Larraube entre otros56, que seguramente revistaban entre los más importantes bitantes. Pero sin dudas, el mérito principal responde a Manuel de San Ginés, quien en descargo a las precisiones solicitadas por Mons. Lué y Riega, señala que:
“la capilla que se ha labrado en la Punta ha sido a mi costa y mención, y la he provisto de todo lo preciso para el culto, sin intervención de las limosnas voluntarias de fieles, como consta de cuenta aprobada en vuestra visita”57.
De ésta manera, Aránzazu y el Cura San Ginés estarán en el origen de la localidad de San Fernando de Buena Vista, contando con el apoyo del Obispo que la erigirá como sede parroquial con la obligación de atender a los feligreses que permanecerán en Las Conchas y del Virrey Sobremonte que participó de los actos de fundación58. No consideramos necesario extendernos en el historial de ésta Parroquia tras la muerte de San Ginés, aunque si nos parece pertinente señalar la perdurabilidad de la Titular a pesar de los cambios acontecidos en las últimas décadas del siglo XIX, la presencia de nuevas gentes y clero ignorante en muchos casos de la tradición histórica como así también la celebración de las Fiestas Patronales -salvo un breve lapso en que se realizaba en el mes de enero-el día 9 de setiembre como en Euskadi, aunque ya no con las connotaciones propias de la religiosidad vasca.
LA PARROQUIA DE ARÁNZAZU EN VICTORIA (ENTRE RÍOS)
El segundo emprendimiento nace como consecuencia de la orfandad que experimentaba un grupo de vecinos de diversos parajes (La Matanza, Pajonal, Laguna de Chilcas, Manantiales y Seibas) que perteneciente a la jurisdicción parroquial de La Bajada del Paraná, debían ocurrir a la capilla de Nogoyá que había sido constituida en “ayuda de Parroquia” de Gualeguay y distaba alrededor de 10 leguas59. En aquel vecindario donde nos encontramos con apellidos como Berasategui, de Irisar, de Ariesteguy, Echepare, Zueldía, Galarreta, Albarizqueta60, se destaca el comerciante Salvador Joaquín Ezpeleta, quien activará la construcción de un lugar de culto.
En carta al Teniente de Gobernador de Santa Fe, Prudencio de Castañaduy, de junio de 1809, manifiesta que:
“buscado con mi industria, y trabajo personal los arbitrios más honestos, con que mantener las obligaciones de Padre de familia, que he contraído en esta parte de América, me trasladé hace siete años la Paraje nombrado La Matanza en el Partido del Paraná, como veinte y cinco leguas de la Bajada río Abajo donde me establecí con casa habitación: Puestas en movimiento aquellas gentes con el comercio que rápidamente se ha ido aumentando, y creciendo el número de los que allí se poblaban, consideré luego por mi familia la necesidad que teníamos de una iglesia, y a los menos de sacerdote efectivo para gozar con oportunidad de los auxilios espirituales en vida y en muerte, igor distar como diez leguas de la capilla de Nogoyá, que es la más inmediata”61.
La preocupación de Ezpeleta venía de varios años atrás y con ocasión de la Visita Pastoral de Monseñor Lué y Riega en 1805 a la Capilla de Nogoyá, había conseguido la autorización para construir capilla y la licencia para edificar un oratorio interino, que costeará en buena parte de su propio peculio y el resto con la ayuda de sus vecinos62. Acerca de esta construcción, escribía el Padre Gregorio Spiazzi:
“siempre rancho, amplio y cómodo, con la parte del presbiterio construida en adobe, y el resto del edificio, de estanteo, es decir de barro mezclado con paja y armado sobre un encañado de varillas y horcones. El techo, a dos aguas, de paja cosida con tientos, con cumbrera de troncos de palma y tijera a tiranterfa, de caña tacuara. El piso de tierra apisonaga. Las paredes del edificio estaban revocadas con cal y arena, y blanqueada”63
Evidentemente se trataba de una estructura precaria para los deseos de esa feligresía que aspiraba a que en el sitio se constituyese una “ayuda de parroquia”, tal como lo manifiestan en la representación que dan a Ezpeleta y este delega en Juan B Joubert -residente en Buenos Aires- para que lleve adelante las gestiones ante las autoridades virreinales64. Éstas verán con agrado la petición, pero se encontrarán con la férrea resistencia del Obispo dado lo provisorio de la construcción y probablemente por la congrua del Cura65. Pero al hijo de Oyarzun nada lo arredra y con fecha 2 de diciembre de 1809, argumenta al diocesano:
Si la capacidad de la Capilla no pareciese a VS. Ilma. suficiente para el caso de erigirse en ayuda de parroquia; si su techo le pareciésemos decente sírvase VS Ilma. tener consideración a que esto es una obra provisional, que hemos emprendido con el fin santo de empezar. Que la Iglesia formal ha de tener más capacidad de lo que VS Ilma. podía esperar, que ha de construirse sin excusar cuantos gastos sean necesarios para su mayor solidez y duración. Y últimamente que su pronta conclusión pende en mucha parte a la colocación del Oratorio Provisional, Pues como decía antes empezando aquel vecindario a gustar las espirituales ventajas que van a proporcionarle, se esforzará en sus limosnas y erogaciones para la obra, cuanto por el contrario es muy de temer que se enfríe su celo si se niega el uso de le capilla provisional, habiendo inutilizado y perdido el gasto que han emprendido voluntariamente en el cristiano objeto que queda indicado66
Estos razonamientos y el acta compromiso firmada por los vecinos en la cual se deja constancia de la donación del predio del oratorio a la Curia de Buenos Aires y la responsabilidad de asegurar la renta anual para el sacerdote que atendiese pastoralmente el lugar, y de los que Ezpeleta se constituye en garante y único responsable67, más los informes favorables del Cura Julián Segundo de Agüero, el consentimiento de las autoridades civiles y su propio juicio en virtud de lo auscultado en la Visita Pastoral realizada a la región, determinan que Mons. Benito Lué y Riega conceda el permiso y licencia que solicitan los vecinos y encomienda al Párroco de la Bajada del Paraná le visité y de encontrarlo en condiciones, le bendiga según las prescripciones rituales para que de inmediato comience a funcionar68.
Así, el 13 de marzo, el Pbro. Antolín Gil Obligado se apersona en el lugar y tras la Inspección encomendada procede a la bendición del Oratorio de Nuestra Señora de Aránzazu, tal como se puede leer en la primera página del Libro 1 de Bautismos, y que el mismo deja para iniciar los registros de los nacidos a la vida nueva en Cristo69. La existencia de una “Razón de la Limosna recogida en la Puerta de la Capilla de N. S. De Aranzazu a veneficio de ella”, iniciada el 13 de mayo de ese año y que se extiende hasta el 12 de octubre del año siguiente, y un registro de las “Entradas de las Limosnas en poder de D. Salvador Joaquín de Ezpeleta echas pr. los Individuos qe. avajos se expresan pa. edificar el Oratorio de La Matanza”70 reflejan los esfuerzos del vecindarios por cumplimentar lo sostenido ante el prelado.
La construcción fundacional perduró por varios años, ya que si bien en el año 1836 se autoriza la construcción de un nuevo templo y se colocó la piedra fundamental71, diez años después seguía siendo una pobre construcción72 aunque se efectúen algunas refacciones73. En 1858 se constituyó una Comisión con el objeto de recaudar fondos para construir un Templo que fuese digno de la Majestad y grandeza de la Divinidad”74, lo cual se va concretar tras muchas dificultades en 1875 75.
En el plano canónico, el oratorio fue elevado a Vice Parroquia en 1845 76 y se lo erigió en Parroquia en 1853 por disposición del Delegado Eclesiástico José Leonardo Acevedo77, época en que también se renueva el patrocinio de Nuestra Señora de Aránzazu78. Es de hacer notar, que a diferencia de San Fernando, las fiestas patronales de Victoria se celebran el 8 de setiembre -Natividad de la Virgen-, probablemente porque esta advocación mariana era muy sentida entre los inmigrantes que arribaron en el siglo XIX79.

Las Imágenes veneradas
Es de hacer notar por una parte que el patronazgo de Aránzazu no encontró ninguna objeción ni en el Obispo Lué y Riega ni en las restantes personas que intervienen en el proceso de autorización de éstos centros de culto y por otra, que con los cambios producidos en la base poblacional o en el ámbito devocional, éste no fue sustituido o reemplazado como sucedió con la Parroquia del Cerro en Montevideo80.
Sin embargo, se ha perdido el rastro de las imágenes fundadoras o han sido reemplazadas por otras no siempre fieles a la figura original.
En el caso de San Fernando, ésta se ha perdido en la noche de los tiempos ya que como señala Cordero, la que se tuvo como tal durante mucho tiempo es obra de un ignoto imaginero local, más cercana a la de Luján y que se encontraba en el nicho central del altar mayor hacia fines del siglo XIX81. Al respecto señala el historiador sanfernandense Cordero:
“no creemos que la imagen que se conserva en la escuela N° 1, Marcos Sastre, sea la de la primitiva capilla. En realidad, pensamos que no lo es. No pudo ser, porque la que posiblemente recibió San Ginés de manos de alguna de las familias vascas o de origen vasco, respondía a la original, que conocían tan bien como el propio sacerdote la debió ver en la casa de sus padres”82.
En el año 1902, con motivo de las refacciones que se llevaron a cabo en el templo, doña Patrona Vázquez de Vela donó una imagen de Nuestra Señora de Aránzazu de buen tamaño y que entronizó en el Altar Mayor, donde permaneció hasta el año 1984 (Cordero y Manfredi, p. 203). En 1979 se entroniza una imagen enviada desde el Santuario de Arantzazu ya que el Cura Párroco, intuyendo que la imagen que se veneraba en el templo no respondía a la original, solicitó primero información y luego la escultura que permanece hasta 1984 en que es sustraída, siendo inmediatamente reemplazada por otra, obra del escultor Cesáreo Soulé.
También la imagen original de Victoria ha experimentado vicisitudes ya que el lienzo para ser colocado en marco decente83 ha desaparecido y treinta años después de la creación del oratorio, nos encontramos con anotaciones que pueden referirse a una imagen de bulto: andas de Nuestra Señora de palo, varios vestidos de la virgen, una corona de la virgen de plata y potencias de plata en el niño de la Virgen84. Según la tradición, Ezpeleta habría traído a desde España una imagen de bulto, pero no hay certeza de que la venerada actualmente sea la misma85, la cual según nos informa María del Carmen Curutchet es una figura española, de vestir, con un manto parecido al de la Virgen de Luján, con dos ojales para sacar la mano derecha que sostiene al mundo y la mano izquierda que sostiene al Niño Jesús86.
Para finalizar queremos señalar que no debe sorprendernos la disposición de San Ginés y de Ezpeleta a la hora de aportar para los lugares de culto, ya que ha sido una actitud bastante común de no pocos miembros de la comunidad vasca en la época hispánica.
Así nos encontramos con José Ruiz de Arellano que aporta con la Iglesia de la Merced de Buenos Aires y la capilla de San Antonio de Padua en los pagos de Areco87, Juan de Léxica y Torrezuri con la Iglesia de Luján y la del convento de los padres dominicos en Buenos Aires88, Francisco Ignacio de Oliden, respecto a la Iglesia de San Román de Cierbano89 y Manuel de Gabiola quien en 1757 obtiene permiso del Cabildo de Santa Fe para vender 1.000 vacunos para el abono de maderas destinadas a la construcción de la iglesia del pago de Coronda90.

UNA MIRADA SOBRE LA ARGENTINA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
La llegada de inmigrantes de los más diversos orígenes planteaba a las iglesias locales no pocos problemas ya que a la insuficiencia de personal se sumaba la dificultad de la lengua y en algunos casos, una fuerte propaganda anticlerical y anticristiana. A todo esto se añadía el hecho de que la Jerarquía eclesiástica aspiraba a integrar a los inmigrantes a la sociedad argentina nacionalizándonos, en tanto ellos pretendían conservar sus rasgos culturales e incluso las prácticas religiosas de sus ancestros. En ésta situación se encontraban especialmente los vascos, tan apegados a sus costumbres, quienes por una parte se incorporarán a la vida parroquial ordinaria y a la par contarán con ámbitos específicos para una atención pastoral particularizada.
Además de los numerosos sacerdotes seculares provenientes de las provincias vascas dispersos por todo el territorio argentino y a quienes podían ocurrir lo vascos91, como así también de miembros de órdenes y congregaciones religiosas92 que los atendían y entendían en euskera, al menos en la Arquidiócesis de Buenos Aires hubo una acción pastoral organizada que desde 1857 giraba en torno a la Iglesia de San Juan93. En 1907, con motivo de la inquietud pontificia tocante a la solicitud eclesiástica por los inmigrantes transmitidas a los Obispos por el Nuncio Aquiles Locatelli, uno de los items está dedicado a los vascos, señalándose la dicha iglesia de San Juan como lugar de encuentro, las celebraciones que allí se realizan destacándose la predicación en vascuence, las obras caritativas y educativas promovidas y las festividades más particulares: la de la Santa Cruz, el 3 de mayo, la de Nuestra Señora de Begonia en la Capilla San Roque de la Venerable Tercera Orden franciscana y una peregrinación a Luján, tras la misión anual94.
Corroborando lo que señala el precitado informe, tenemos noticias de las Misiones predicadas en euskaro como por ejemplo la de 1904 a cargo de sacerdotes de diversas congregaciones (Misioneros del Corazón de Jesús, Benedictinos y Carmelitas) y de la que participaron vecinos de Barracas al Sur, Lomas de Zamora, Beigrano y Flores95. Las noticias de años posteriores (1907, 1910, 1911, 1912, 1927) resaltan la masividad de la concurrencia, su acendrada piedad, los cánticos y predicación en la lengua natal por aquello de “unusquisque lingua sua illos loquentes”96.
A ésta altura no escapa a nadie la falta de referencia a Nuestra Señora de Aránzazu y paralelamente no deja de ser llamativo -que salvo la ocasional mención de Nuestra Señora de Begoña- el aspecto mariano se canaliza en las peregrinaciones al Santuario de Luján, lo cual pone de manifiesto lo que oportunamente señalábamos para Guadalupe en Santa Fe: las advocaciones regionales traídas por los inmigrantes no generaron ningún centro importante de piedad mariana97. Al contrario de lo sucedido en Montevideo donde los vascos asentados en la Villa del Cerro eligieron como protectora a la patrona de Euskadi nominándose así a la Parroquia del lugar entre 1874-1903 y 1911-195798, el nombre de Aranzazu no aparece invocado en forma pública ni tampoco los templos puestos bajo ésta advocación parecen haber sido motivo de peregrinaciones o consideraciones especiales.

Difusión en el siglo XX
Como ya ha señalado Oscar Álvarez Gila en su trabajo sobre la participación del clero vasco en la atención parroquial argentina, diversas órdenes o congregaciones con asiento en las provincias vascas arribaron a nuestro país impulsados por el espíritu misionero, difundiendo no poco de ellos la veneración por la Virgen de Aránzazu desde las primeras décadas del siglo pasado.
Así por ejemplo los franciscanos destinadas en la capilla de al Santa Faz (hoy Parroquia) en Villa Industriales Lanús entre ellos el padre Villacian (natural del Valdegobía) en la década del 6099 pero hoy, ya en manos del clero secular, no quedan más recuerdos, como tampoco en la provincia franciscana a la que se incorporó aquella comunidad. Otro caso lo constituyen los Canónigos Lateranenses, pero aquí también parece haberse perdido la tradición ya que el padre Juan Garay (natural de Oñate) y destinado en Rosario, responde: “No tengo noticias que los citados padres hayan difundido la devoción de la citada Virgen de Aránzazu”100. Sin embargo, a dicha Congregación pertenecía el guipuzcoano de Azpeitía Iñaki de Beobide, nacido en 1904 y fallecido en 1979, quien trabajó durante varias décadas en Argentina destinado a las diversas obras (Colegio Belgrano en Salta y Parroquia del Valle en Capital Federal). Mikel Ezkerro testimonia haberles escuchado que había rezado Misas por la festividad de Aránzazu y predicado sobre dicha advocación101.
Más importante aún es la pertenencia a dicha comunidad religiosa del padre Francisco Madina, nacido en Oñate en 1907 y fallecido en su caserío natal en 1972, tras muchos años de labor evangelizadora y cultura en Argentina y Estados Unidos. Autor de numerosas composiciones musicales, se destaca su poema sinfónico Aránzazu y que durante muchos años fuera ejecutado por el Coro Lagun Onak fundado en 1939 por sacerdotes lateranenses, ignorando si aún continúa formando parte del repertorio del grupo coral, ya que no obtuvimos respuesta en la consulta realizada.
También se cita al conocido padre Iñaki de Azpiazu entre los promotores de la devoción a Nuestra Señora de Aránzazu, quien entre otras actividades estuvo presente en el acto de recepción de las imágenes enviadas desde el Santuario en agosto de 1979 a la Parroquia de San Fernando donde leyó el mensaje enviado por el entonces Obispo de San Sebastián, Monseñor José María Setién y pronunció una alocución antes del ingreso de las imágenes al templo102.
Una cofradía bajo su advocación
En el año 1945, el padre José Cherat, Cura de la Parroquia de Victoria (Entre Ríos), se dirigía al entonces Arzobispo de Paraná, Mons. Zenobio GuiIland, solicitándole autorización para fundar una Congregación bajo el patrocinio de Nuestra Señora de Aránzazu cuyo fin principal sería el de:
“promover más eficazmente la devoción a la Virgen bajo ésta advocación, desde el momento que bajo el patrocinio de la Virgen de Aránzazu han colocado a éste pueblo quienes lo fundaron”103
Solicitado el reglamento desde la Curia Paranaense, éste es aprobado en agosto de 1947104, resaltando en el mismo los siguientes puntos relacionados con la advocación:
* Dar culto a la Santísima Virgen, atrayendo especialmente la atención de los fieles hacia la Virgen Patrona y fundadora del lugar,
* Cuidar del decoro de la Casa de Dios, en especial del Altar de la Patrona,
* La Asamblea de renovación de autoridades se realizará en al mes de setiembre después de las fiestas patronales105.
En 1947 se editan los Estatutos, en los cuales se agrega:
* El Director pondrá el mayor empeño en acrecentar la devoción a la Santísima Virgen Patrona del Pueblo, estimulando a los socios al cumplimiento de sus deberes espirituales,
* Se recibirán nuevos socios cada año en la novena y fiesta patronal,
* El distintivo o insignia de la Congregación será la medalla de la Virgen de Aranzazu que recibirá cada socio de manos del Director, previa bendición,
* La Comisión Central designará una Comisión de Camareras que cuidará del ornato exterior del Altar de la Patrona y de su imagen y lo preparará especialmente para la Misa de los Domingos y Fiestas, especialmente los primeros domingos y Fiestas Patronales,
* Las socias deberán asistir con sus distintivos a las Fiestas patronales, las que deberán celebrarse con la mayor de las solemnidades,
* Rito de bendición e imposición de la medalla de la Virgen de Aránzazu.

El 8 de setiembre de 1948 se procede a su institución canónica, ocasión en la que se distribuye una estampita con un canto a la Virgen Potrona106. Hacia el año 1956, la Cofradía o Congregación como se la denomina indistintamente, contaba con más de 700 asociados y como señala el Cura Párroco, ocupaba un puesto privilegiado entre las demás instituciones por la eficaz cooperación que prestaba al cuidado y sostenimiento del lugar sagrado107.

Aránzazu en la toponimia y nomenclatura urbana argentina
Hacia el año 1968 se crea un Club de Campo sobre la base de 60 hectáreas que estaban situadas en Tortuguitas Norte, jurisdicción de Garín en la provincia de Buenos Aires, más precisamente en el Km. 34,5 del ramal Pilar. Dado que la mayoría de los primeros compradores eran vecinos de San Fernando, cuya patrona como hemos visto, es Nuestra Señora de Aránzazu, se decidió denominarle Country Aránzazu. En la actualidad hay construidas en el lugar alrededor de 300 viviendas y residen en el predio de modo permanente unas 170 familias, con lo cual Aránzazu ha pasado a formar parte de la toponimia, y como consecuencia de esto, una de las calles que limitan el Club también lleva el nombre de la patrona de los guipuzcoanos. En el ingreso del club, más precisamente en la Administración se ha colocado una mayólica con la imagen de la Virgen108.
En cuanto a la nomenclatura urbana, la denominación aparece en la jurisdicción de Garín como ya hemos señalado y en San Fernando en virtud de la ordenanza N° 7540/01 del 20 de abril de 2001, en la que se le impone a la calle ubicad dentro de la Unidad residencial San Fernando, Circunscripción VIII, Sección rural, parcela 77ª 109.

Aránzazu en Luján
El Santuario nacional, centro de la espiritualidad mariana en Argentina y que tantas veces había recibido las peregrinaciones de vascos que llegaban para honrar a la Madre de Dios en la pequeña imagen que había querido quedarse allí para siempre cuando era trasladada hacia el norte del entonces Virreynato, en julio del 2000 -en el marco del año jubilar, convocado por el Papa Juan Pablo II- recibía ahora la imagen de la Andra Mari.
La iniciativa fue de una familia de la ciudad de La Plata, cuya hija llamada Aránzazu había fallecido, la cual solicitó a un viajero a Euskadi que trajese una imagen para entronizarla en la Basílica lujanense110. El día elegido fue el 4 de junio, partiendo la procesión desde la localidad de San Fernando y de la cual participaban feligreses de esa comunidad y miembros de diversas asociaciones de vascos como Euskaldunak Denak Bat de Arrecifes y Euzko Etxea de La Plata111. Con éste motivo se editó una hermosa cartilla con la foto de la imagen, las banderas argentinas y vasca, una breve semblanza y una oración en la que se pide su protección, en tanto la publicación Hogartik de La Plata le dedicó algunas líneas.
Es interesante destacar que con ésta entronización se pretende resaltar la unión fraternal entre ambos pueblos, simbolizado en la imagen de factura vasca y el origen correntino del espino sobre el que se apoya. Fue también una ocasión para que algunos descendientes de vascos renovaran la devoción de sus mayores y para que otros la conociesen como es el caso de los platenses quienes manifiestan que éste es el único contacto tenido con la Virgen de Aránzazu.

A MODO DE CONCLUSIÓN Y SUGERENCIA
Tal vez la primera impresión que deja nuestra ponencia sea el hecho de grandes silencios en torno a la devoción, en ámbitos o lugares en los que ésta sería connatural. Lo cual, como ya señalamos no significa que no haya mayor información, convirtiéndose tal situación en una acicate a seguir profundizando.
Precisamente el hecho que paralelamente hayamos hallado datos disper-sos, a nuestro juicio indican que solamente hemos levantado algunas baldosas y que será necesario por una parte apelar a la memoria histórica de las colectividades dispersas por Argentina, tarea en la que hemos fracasado por la falta de respuesta a nuestro cuestionario de investigación salvo contadas excepciones y por la otra acceder a la documentación que poseen los padres franciscanos del Convento Grande de Buenos Aires para su puesta en valor. Consideramos que ha habido, fundamentalmente entre los vascos de la etapa hispano criolla, una arraigada devoción a Nuestra Señora de Aránzazu que fue capaz –al menos en Buenos Aires– de institucionalizarse. La falta de un mayor desarrollo público quizás tenga que ver con las características de región marginal de nuestro territorio –si bien entre los vascos no faltaron personas pudientes– o con el crecimiento, arraigo y prestigio de la Venerable Orden Tercera Franciscana donde éstos tuvieron fuerte protagonismo como ya ha sido demostrado en los valiosos trabajos de Nora Siegrist, y no solo en Buenos Aires sino también en las principales ciudades del interior.
Es destacar por otra parte, que la permanencia de Aránzazu en Argentina ha sido fruto del sentimiento particular a través de los lugares de culto impulsados por dos devotos de la misma como fueron el Pbro. San Ginés y el comerciante Ezpeleta, en tanto los institucionales (cofradía y altar) desaparecieron. En las últimas décadas se observa cierta revalorización de la misma que ha tenido que ver con una situación que toca a diversas colectividades: el retorno a los orígenes, que si bien entre los vascos es menor ya la conservación de la tradición ha sido más fuerte entre ellos, vale en lo que respecta al redescubrimiento de Aránzazu.
En el orden al futuro, consideramos de suma importancia que en los varios estudios que se han realizado sobre los vascos en Argentina no se descuide el religioso, y en ese marco lo referente a nuestra advocación, ya que es uno de los elementos constituyentes de su identidad.



FUENTES
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ACSF. Archivo Convento San Francisco (Buenos Aires).
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AME. Archivo Museo Etnográfico de Santa Fe (Santa Fe).
AOG. Archivo Parroquial de San Fernando (Buenos Aires).
APT. Archivo Parroquial Tigre (Buenos Aires).
APV. Archivo Parroquial Victoria (Entre Ríos).

2. Editas
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3. Publicaciones
Revista del Arzobispado de Buenos Aires (REABA).
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Boletín La Voz de Aranzazu (San Fernando).
________________________________________
* Univ. Católica de Santa Fe. Echague, 7151.3000 Santa Fe. República Argentina.
1 Rubén VARGAS UGARTE, Historia del culto de María en Iberoamérica y de sus santuarios y de sus imágenes más celebradas. Buenos Aires: Editorial Huarpes, 2° edición 1947, p. 28.
2 (1) p. 10.
3 Edgar STOFFEL, Las prácticas religiosas católicas en la ‘pampa gringa’ santafesina. Rafaela, Provincia de Santa Fe: Edit. Municipalidad Rafaela, 1990, p. 67.
4 Ernesto MAEDER, La población americana después de la conquista, en América y España. El Encuentro de dos mundos. Bs. As.: Editorial Estrada, 1988, p. 124.
5 Guillermo FURLONG, sj, Historia del Colegio de la Inmaculada de Santa Fe. Edición Soc. Ex - Alumnos Filial Buenos Aires, 1982, p. 411.
6 Fernando OKON, Las gobernaciones del territorio argentino. Buenos Aires: SENOC, 1990, p.78.
7 A guisa de ejemplo, lo que sucede con Martín de Alzaga, natural de Ibarra, llegado en 1767 a Buenos Aires, dependiente del mayorista alavés Gaspar de Santa Coloma durante una década y luego próspero comerciante él mismo, desposado con María Magdalena de Carrera e Inda, miembro en 1783 de la Cofradía de Hijosdalgos del Valle de Ammayona en España yen 1791 de la Venerable Tercera Orden Franciscana de Buenos Aires, quien operaba con diversos puertos de América y países europeos y su vasta red en nuestro territorio tenía representantes en Asunción del Paraguay (Agustín Trigo), Montevideo (Zacarías Pereyre y Francisco Juanicó), Santa Fe (Agustín de lriondo), Tucumán (Francisco de Gondra) y Las Conchas (José de Goyechea), Potosí (Joaquín de Castro), entre otras, fue además defensor de pobres y Alcalde de 1° voto. Cfr. Bemardo LOZIER ALMAZAN, “Martín de Álzaga. Historia de una trágica ambición”. Buenos Aires: Ediciones Ciudad Argentina, p. 14-15, 21, 24, 26, 35, 103 y ss.
8 Cfr. Susan Midgen SOCOLOW, Los mercaderes del Buenos Aires Virreinal: Familia y Comercio, Desarrollo Económico n° 70, jul/set 1970, p. 205-215.
9 Agustín ZAPATA GOLLÁN, La devoción mariana en Santa Fe la Vieja. Rosario, Res Gesta 8, jul.-dic. 1980, pp. 58-60.
10 Cf. AA.VV. Los Vascos en América. Investigación sobre asentamientos vascos en el territorio argentino. Siglos XVI aXIX, Tm. II, Fundación Vasco Argentina Juan de Garay, p.13 y ss.
11 Cfr. Disposiciones religiosas en testamentos de españoles y sus descendientes en Buenos Aires. La filiación y su vinculación “cercana” como terciarios de la orden de San Francisco: 1730-1870, en Archivum XVIII. Buenos Aires, año 1998, pp. 334 y Españoles en la ciudad de Buenos Aires y su actuación social religiosa convocante con criollos y extranjeros en Ion siglos XVIII y XIX, en Néstor T. AUZA (recopilador). Iglesia e Inmigración en la Argentina IV, CEMLA. Buenos Aires, año 2000, pp. 31-52.
12 El padre Herminio Gaitán ofm, al hablar de las cofradías asentadas en los conventos franciscanos en el siglo XVIII sólo se refiere a la de San Benito de Palermo para los negros y la de la Inmaculada que agrupaba a españoles y criollos. Cfr. La orden franciscana en Argentina, en Francisco MORALES, (Coordinador y Editor), Franciscanos en América. Quinientos años de presencla evangelizadora, Conf. Franciscana de Santa Maria de Guadalupe, México,1993, pp. 420.
13 Cfr. AGN. Expediente 1446, Legajo 50 Tribunales.
14 Francisco AVELLA CHAFFER, Diccionario Biográfico del clero secular de Buenos Aires, tomo I. Buenos Aires: año 1983, p. 147-148, 237-238 y 285-286.
15 Cfr. ACSC. Legajo Inventarios y entrevista con fray José C. Magnago. La extrañeza puede deberse al que desde 1860 los frailes españoles fueron reemplazados por italianos y muchas de las vocaciones provienen de las colonias “gringas”.
16 Museo Etnog           ráfico de Santa Fe. Testamento de Don Pedro Bárbara Gaviola, Expedientes Civiles, tomo 19, confeccionada en seda, más bien pequeña y justipreciada en 2 reales.
17 Enrique UDAONDO, Crónica Histórica de la Venerable Orden Tercera de San Francisco en la República Argentina.Buenos Aires, 1920.
18 Cfr. Luisa MILLER ASTRADA, Salta Hispánica. Buenos Aires: Ediciones Ciudad Argentina, 1997, p.144-148.
19 Ibídem nota 11.
20 Cfr. Archivum 29.
21 Cfr. AGN. LEG. Nº  5599, Sucesión de Lázaro de Elortondo y Mercedes Poroli de Elortondo.
22 Archivo Histórico de Salta, Caja Expedientes Judiciales, Testamentaria de Josefa Gertrudis Echalar, Exp. 2, año 1805.
23 Cfr. Salta, en Daisy RIPODAZ ARDANAZ, (Dirección y Estudio preliminar). Imaginería y piedad privada en el Interior del virreinato rioplatense, Buenos Aires, PHRISCO - CONICET, 1996, pp. 240.
24 Cfr. Jorge ZENARRUZA, Investigación sobre asentamientos vascos en el territorio argentino -siglo XVI a XIX. Tomo I. Provincia de Jujuy, Buenos Aires, 1991, pp. 563-564.
25 Ibídem nota 22.
26 Ibídem nota anterior.
27 Información suministrada por Nora SIEGRIST de GENTILE, 29 de agosto de 2001.
28 Cfr. Fundación Vasca, “Los Vascos en Buenos Aires”, pp. 79.
29 Cfr. “Apuntes sobre los buques de la Armada Argentina”, p. 151.
30 Cfr. (14); Héctor CORDERO. Manuel de San Ginés. 1768-1825. Buenos Aires: Editorial Delta, año 1968, La educaciónen San Fernando. Buenos Aires: Editorial Delta 1963 y La Iglesia de San Fernando. San Fernando: 1987; Darío LUCIANO. 1802-1887. Cronicón sobre los orígenes de la ciudad de San Femando. Con un apéndice complementario. San Fernando, 1989; Nora SIEGRIST DE GENTILE. Filiación religiosa de la familia de los San Ginés-Rodríguez de Vida con la Orden Tercera de San Francisco. Algunos aspectos de los ascendientes de Manuel Saturnino de San Ginés, primer cura de San Fernando, en Boleün del Instituto de Estudios Históricos de San Fernando de Buena Vista, n° 6. Bs. As., 1997, pp. 51-67; Nora SIEGRIST DE GENTILE, y Oscar ALVAREZ GILA, “Don Manuel Alfonso de San Ginés (1731-1785). Su ascendencia paterna y materna en Vizcaya y su nombre en Buenos Aires”, en Genealogía n° 30, Buenos Aires, año 1999, pp. 229.249; Alberto MASRAMÓN. “SalvadorJoaquín de Ezpeleta”. Editorial de Entre Ríos, 1996; César PÉREZ COLMAN. Historia de Entre Ríos (1520-1810), Tomo II, Parené, 1936; C. ANADÓN y M. Del C. MURATURE DE BADARACCO. Historia de La Matanza - Victoria, Córdoba 1985.
31 Nora SIEGRIST DE GENTILE. Filiación religlosa de la familia de los San Ginés-Rodríguez de Vida con la Orden Tercera de San Francisco.
32 Cfr. Alberto MASRAMÓN, Salvador Joaquín de Ezpeleta. Editorial de Entre Ríos, 1996.
33 (17), p. 252; (32)
34 Cfr. E. de ARMAS MEDINA, Cristianización del Perú (1582-1600). España, 1953, p. 29.
35 E. TRONCONIZ DE VERACOECHEA, Las obres pías enla iglesia colonial venezolana. Caracas, 1971, p. 21.
36 Paco IGARTUA, en América y las euskaletxeak, afirma: “Esta diferenciación que afirma la Identidad vasca, da vida en 1612 a la primera Euskaletxea americana. El hecho ocurrió en el convento de San Francisco, en Lima, Perú, y muy pronto es calcado en ciudad de México. A fines del siglo, esa reafirmación de identidad de los vascos afincados en América se había extendido por todo el continente, siempre como cofradía de “Nuestra Señora de Aranzazu”, en Euskonew & Media 72 zbk (2000/3/2431).
37 Cfr. E. LUQUE ALCAIDE, La Cofradía de la Virgen de Aranzazu de Guadalajara; Amaya GARRITZ, Colegio de las vizcaínas en México; G. LHOMANN VILLENA La hermandad de Aranzazu en Lima.
38 Cfr. Abraham ARGAÑARAZ, Crónica del Convento Grande de N.P. San Francisco de Buenos Aires. Bs. As, Imprenta Coni, 1889, p. 28: José María MARILUZ URQUIJO, “La Real sociedad bascongada y América”, en 111 Seminario de Historiade la Real SociedadBascongada de las Amigos del País, San Sebastián, Fundación Banco Bilbao - Vizcaya, 1992, p. 286. y Nora SIEGRIST DE GENTILE.
39 ARGAÑARAZ, señala en la p. 28 de su opúsculo: 1) de la Purísima Concepción, desde 1602 cuyos cofrades eran “... personas de clase y altos empleados del Gobierno peninsular”, 2) de Santa rosa de Viterbo, compuesta de pardos, 3) de San Benito de Palermo, desde 1769-70, compuesta por esclavos negros y sus descendientes, incluso libres, 4) de San Francisco Solano, compuesta principalmente de indios y 5) de Nuestra Señora de Aranzazu, compuesta de españoes vascongados.
40 Cfr. Informe de Eduardo BIERZYCHUDEK. Tal noticia no deja de ser un aliciente ya que oficialmente no se conserva documentación a causa de los incendios de 1955. Cfr. Fundación Tavera “Guía Preliminar de fuentes documentales etnográficas para el estudio de los pueblos indígenas de Iberoamérica”.
41 Cfr. (39), pg.
42 Cfr. La Gaceta Mercantil, 10 de noviembre 1838, n° 4, 619, p. 1, col. 2.
43 Informe de Eduardo BIERZYCHUDEK.
44 Cfr. SIEGRIST y Archivo General de la Nación.
45 (38) ARGAÑARAZ, p. 23.
46 Cfr. (17).
47 Cfr. Enrique DUSSEL, Historia General de la Iglesia en América Latina. Tomo III. CEHILA, edic. Sígueme, España, 1983.
48 Cfr. Nuestro trabajo “Documentos inéditos de la Santa Visita Pastoral del Obispado del Río de la Plata 1803-1805”, UCSF, 1992, p. 5-10.
49 En el Acta compromiso que firman los vecinos el 6 de febrero de 1810 leemos “...habiendo entablado ante el Señor Obispo de la Diócesis la solicitud de la erección de un oratorio público, para gozar y disfrutar en el espacio del año del beneficio del sacrificio de al Misa, ya que carecían de los demás auxilios del pasto espiritual..: AGN, Lag. 1446 (subrayado nuestro).
50 BRUNO, Tomo VII, p. 63 y ss.
51 Cfr. Enrique UDAONDO, Reseña histórica, del partido de Las Conchas. La Plata, 1942, p.15.
52 Cfr. Héctor CORDERO, Manuel de San Ginés 1768-1825, p. 67.
53 Alberto MANFREDI (h), Nuestra señora de Aranzazu. La Iglesia histórica de San Fernando. Inst. de Estudios Hist. de San Fernando de Bella Vista, 1999, p. 22.
54 (51), p.28.
55 Cfr. APTigre. Auto Visita Pastoral, 1803.
56 Héctor CORDERO, La Iglesia de San Fernando, p. 1415.
57 (52), p. 79.
58 (17) p. 28.
59 (13), Rs. 6-7.
60 (60).
61 (61).
62 Cfr. Diario Visita Pastoral, (61).
63 Gregorio SPIAZZI, Como era el oratorio de la Matanza, Victoria (Entre Ríos), Crisol, 27 de agosto de 1954.
64 (60), nota del 17 de octubre de 1808.
65 (60), nota del 31 de octubre de 1808.
66 (60), nota 2 de diciembre de 1809.
67 (60), nota 8 de febrero de 1810.
68 (60), nota 17 de mayo de 1810.
69 APV. Libro Bautismos 1.
70 AOG. Legajo Victoria.
71 Carlos SFORZA, Victoria: Historia de su templo, Victoria, 1875, p. 18 y ss.
72 Cfr. DPV, Libro Inventario.
73 (72).
74 (69) Doc. Oficiales, n° 40.
75 (72) p. 44.
76 Libro 2 B, folio 370.
77 Cfr. Libro IV B.
78 Cfr. APV. Nota del Cngo. Leonardo Acebedo del 23 de junio de 1853 en que comunica que Su Santidad Pío IX por bula del 5 de noviembre de 1851. La designado como Patrona de la localidad a Nuestra Señora de Arántzazu.
79 Por ejemplo Cayastá, Nuevo Torino, Esteban Ramos, Aurella, Esperanza, Emilla, Tacurales, Ñanducita, Clucellas, Fidela, Estación Irigoyen, Saito Grande en Santa Fe y Villa Elisa en Entre Ríos.
80 Cfr. Carlos ZUBILLAGA, Religiosidad e inmigración española en Uruguay,  Anuario IEHS, 12, Tandil, p. 200 y ss. Cfr. Carta Pastoral de Mons. Antonio Barbieri del 18 de agosto de 1957, en Boletín Eclesiástico de la Arquidiócesis de Montevideo y de la Diócesis sufraganias de Salto, Florida, Melo y San José, n° 460, enero 1957, pp. 442-448.
81 CORDERO Y MANFREDI, p.153.
82 (56) p.16.
83 (60).
84 Cfr. APV Inventarios.
85 Cfr. Gregorio SPIAZZI, La Patrona de Victoria, Victoria, Crisol, 19 de agosto de 1954.
86 Cfr. Informe de Marra del C. CURUTCHET al autor, abril de 2001.
87 Cfr. Nora SIEGRIST de GENTILE, CEMLA IV, p. 40.
88 (87), pp. 42-43.
89 Cfr. Oliden en Bubers’s Basque Page.
90 AGPSF. Actas Capitulares, Tomo XIII, fl 42-43.
91 Cfr. En nuestro trabajo “El clero secular español y su actuación en Santa Fe (1856-1930)”, en Néstor AUZA, -recopilador- “Iglesia e inmigración en la Argentina III”, CEMLA, Bs. As., 1997, p. 71-100, ofrecemos un listado de clérigos de ese origen).
92 Cfr. Oscar ÁLVAREZ GILA, La participación del clero europeo en la atención parroquial en la Argentina (1835-1960).
93 Cfr. Nota del Capellán de San Juan sobre los vascos franceses del 22 de agosto  de 1907 al Prosecretario del Arzobispado, en REABA año 190, p. 745-746.
94 Pedro Santos MARTÍNEZ, Religión e Inmigración en 1907. Un informe del de Buenos Aires, Archivum XVI. Bs. As., 1994, p. 127-132.
95 Cfr. Informe de la Misión en idioma vascuence, 29 de junio de 1904, REABA año 1904 p. 695.
96 (95), 29 de noviembre de 1907, REABA año 1907, pp. 990-991.
97 (3), Guadalupe: centro de irradiación espiritual y lugar de encuentro social del pueblo santafesino, Santa Fe, 2000, inédito.
98 (80).
99 Cfr. Informe de Mikel EZKERRO, abril 2001.
100 E-mail del P. Juan GARAY al autor, 15/5/2001.
101 (99).
102 Cfr. La Voz de Aranzazu 4 y 5, 1979.
103 AOG, Legajo Victoria. Nota del P. Cherat osb al Arzobispo, 25/9/1945.
104 Cfr. AAP. Libro IV Registro de Decretos, p. 403.
105 (103) Estatuto de la Cofradra de N. S. de Aranzazu, 1947.
106 Cfr. APV. Estampa recordatoria.
107 (103). Nota del P. Juan SCHINO al Arzobispo de Paraná, 6 de marzo de 1956.
108 Cfr. Informes de Silvia Palmieri y Waiman Producciones y Administración Country del 31/8/2001.
109 Cfr. Archivo Concejo Deliberante San Fernando, Expte. Nº 5054/99.
110 Informe de D. Irigoyen al autor, 27 de abril de 2001.
111 Cfr. Informes al autor del 27 y 24 de abril, respectivamente.